Zapatillas

Alcalá de Henares (Madrid). Marzo 2014
Alcalá de Henares (Madrid). Marzo 2014

El día que calcé mis primeras zapatillas de deporte acudí al colegio casi volando. Hasta entonces sólo había llevado zapatones ortopédicos que me anclaban al suelo separándome del resto de niños que saltaban. Quizá por eso nunca terminé de unirme al grupo a pesar de que aquel primer día todos me rodearon fascinados con mis deportivas nuevas. No faltó el listo que las criticó por que les faltaba nosequé dibujo en el estampado que, por lo visto, resultaba imprescindible para ser admitido en el grupo de los elegidos. Al principio me ofendí, sí, pero al poco me di cuenta de que, aun sin ese dibujo, yo volaba gracias a mis zapatillas nuevas y que, bien pensado, no se estaba nada mal solo.

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Agonía

Morata de Tajuña (Madrid). Diciembre 2013
Morata de Tajuña (Madrid). Diciembre 2013

Un rápido vistazo a la casa vacía tras regresar del entierro y bajaron las persianas. Quedaron sin luz el televisor de tubo frente al que pasó sus últimas horas y el sofá que le acompañaba. Los platos del último almuerzo y las sábanas aún tibias ennegrecieron por la oscuridad. El aire se estancó. Cuando cerraron la puerta, las paredes exhalaron un último aliento y la casa comenzó su agonía.

Escombros

Ruguilla (Guadalajara). Noviembre 2012

Cuando tuvieron que salir del pueblo apenas pudieron llevarse una pequeña maleta con dos mudas y un viejo abrigo. Los primeros años aún había quien les daba cuenta de la casa: el viento se ha llevado una teja, la puerta está cediendo… pero, poco a poco, todos fueron marchando y en la aldea sólo quedaron los escombros de felicidad olvidada.

Wi-Fi

Cotelas (Ourense). Junio 2012

Me dijeron que ya no me necesitaban; que en los tiempos actuales mis aptitudes no servían para  nada. Intenté adaptarme a las novedades pero mis cualidades no tienen sentido hoy. Además, los jóvenes, que vienen pisando fuerte con ideas revolucionarias, han ocupado mi puesto con menos gasto. Eso es lo único que les importa: el gasto. Ahora, aquí me ves, viejo y gastado, tirado al sol, esperando que llegue esa oportunidad de reciclaje de la que tanto me hablaron. Me voy acostumbrando e incluso a veces me gusta servir de apoyo a esos mismos jóvenes que me desplazaron. Sin embargo sé que se aproxima ese final en que mis huesos sólo se ocuparán de calentar tu hogar.

Reconversión

Madrid. Agosto 2011

En el barrio todo el mundo le conocía como “el Casquero“. A su pequeña tienda acudía todos los días a cambiar los tebeos de Mortadelo y Filemón: con mi ejemplar leído en la mano repasaba el montón de tebeos gastados que el Casquero me ofrecía.  Siempre pensé que ese sería su apellido hasta que me explicaron que antes que novelas usadas vendía despojos de animales. Años después, cuando regresé al barrio, la casquería-papelería se había convertido en inmobiliaria y la regentaban unos señores vestidos con traje de gran almacén. Creo que ya ni siquiera existe esa inmobiliaria. Ya se sabe, para sobrevivir hay que reconvertirse.

Morriña

Cea (Ourense). Agosto 2011

La tarde de aquella mañana en que el horno coció su última hogaza, cuando se hubo vendido la última pieza, el panadero se desabrochó con nostalgia el delantal y lo depositó sobre la mesa de amasar. En su cuarto le esperaban dos pequeñas maletas y un billete de tren. Ahora no huele a levadura y leña al amanecer pero junto a la pala que sacaba los chuscos del fuego aún descansa la morriña que no pudieron comerse las polillas que royeron el mandil.

Inútil

Fuerteventura (Canarias). Diciembre 2009

Cuando terminaron sus días de servicio, quisieron obsequiarle con la eterna visión del mar que dio sentido a su existencia. Un mar ahora inalcanzable y añorado que sólo sirve para recordar cada día su inútil condición de jubilada.