Puerta
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Vida Real

Puerta
Catro Marim (Portugal). Agosto 2018

De la puerta de la vida a la ventana del deseo sólo hay cinco pasos. Cinco interminables pasos que separan la realidad de los sueños, la indolencia del anhelo. Cinco pasos pesados como una losa que lapida la fantasía. Un día, mientras los demás celebraban la luz del verano, decidió romper la línea divisoria. Cerró la puerta tras de sí marchando con lo puesto por un sendero incierto; el faro de la emoción como rumbo. Sabía que no volvería.

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En casa

Trevejo (Cáceres). Marzo 2015

Los viernes llega el hijo de la capital. Lo primero que hace nada más entrar entrar es tirar la bolsa de ropa sucia en la puerta y subir a su antiguo cuarto: revuelve armarios y cajones dejando todo manga por hombro. Después baja hecho un pincel y se pasea por la cocina, levanta las tapaderas y chuperretea todos los guisos. Entonces se acuerda, me abraza y dice: “La verdad, Madre, da gusto llegar a casa. Me marcho que he quedado”.

Reloj

Madrid. Octubre 2014
Madrid. Octubre 2014

A diario no necesito consultar el reloj. Sé que voy a tiempo cuando, al salir de casa, me cruzo con el del siete paseando al perro. Los niños del tercero juguetean alrededor del coche mientras la madre, desquiciada, intenta meterlos dentro para llevarlos al colegio. El barrendero ya ha llegado a la esquina con la calle principal y el camión de reparto diario se detiene, apurando frenos, frente a la panadería. Si voy demasiado pronto, aún no has salido a limpiar el balcón. Entonces me detengo, disimulando consultar el teléfono y espero hasta que apareces. Me deleito unos segundos contemplándote y sigo, feliz, rumbo al trabajo.

Habría

Capbreton (Francia).  Agosto 2014
Capbreton (Francia). Agosto 2014

Sé que habría podido llegar a amarla. Sus ojos, de un color indeciso, reflejaban todas las tonalidades de los lugares donde me gusta perderme: verde bosque, mar turquesa, amarilla duna. Sé que habría podido llegar a amarla. Como una promesa, su boca, nunca cerrada, pronunciaba los sueños de mis desvelos y anunciaba besos para el menú de cada día. Sé que habría podido llegar a amarla porque su cuerpo imperfecto reclamaba a gritos mis manos para desbaratar certidumbres y moldear dudas. Horas antes de abandonar definitivamente la ciudad pasé por última vez bajo su ventana y me despedí en silencio. Sé que habría podido llegar a amarla pero nunca nos dirigimos la palabra.

Hermosa

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

Cuando joven gané un concurso de belleza. Aquel año me proclamaron “La Más Hermosa de la Ciudad”. Orgullosa exhibía mi título presumiendo de mis encantos y escuchando las aduladoras palabras de quienes me admiraban y me envidiaban. Con los años la piel se fue arrugando, y mis bellos ojos cerrando por el peso de los párpados. ¡La Más Hermosa de la Ciudad! Lo fui y no lo olvido. Y ese recuerdo me mantiene viva y satisfecha porque aunque mis huesos luchen por sostener el pellejo, sé que, al menos aquel año, fui feliz.

Quizá

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

El sol y el ruido de los coches entrando por las ventanas abiertas la despertaron. Hacía rato que los gatos lo habían intentado, sin éxito,  reclamando su dosis diaria y, en vista del fracaso, decidieron volver a echarse a su costado. Anoche no había manera de conciliar el sueño y esperó que la televisión la arrullara. Ahora seguía encendida y los personajes de la pantalla semejaban marionetas hablando sin sentido. Miró alrededor y encontró el apartamento tan desordenado como lo había dejado el día anterior pero no le importó. “Total ¿para qué?”, pensó. La boca reseca tampoco le motivó lo suficiente como para levantarse a por agua. Los gatos volvieron a maullar sin demasiado entusiasmo. Se acomodó en la cama y prestó atención a los monigotes de la tele esperando encontrar significado a sus gesticulaciones. Quizá mañana.

Espalda

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

A veces la memoria nos juega malas pasadas. O quizá la amnesia sea una defensa voluntaria aunque inconsciente que nos lleva a reproducir sólo aquellas escenas del pasado que nos interesan. Quizá por eso he olvidado lo sucedido aquella noche, por más que trato de reconstruirlo para amnistiar a los espectros atrapados que atormentan el pensamiento. Sólo imágenes vagas acuden: un barco ruso amarrado en el puerto, unos ojos azules contoneándose a ritmo machacón y una calle desierta con el eco de unos pasos. A la mañana siguiente el barco ruso había zarpado y sobre mi espalda se dibujaban los barrotes rojos con que me apresó. El resto es futuro incierto y un camino oscuro sin la utopía de esa mirada hacia el exilio de la ausencia, hacia el vacío.