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Cerrado

Todos los días paso por ese camino. El mismo camino que tiempo atrás tantas veces recorriera. Cuando decidí explorarlo por primera vez sentí incertidumbre y cierto temor pero terminó llevándome a un lugar donde fui feliz. Por eso volví al día siguiente y al otro hasta que una mañana lo encontré cerrado. Sin embargo seguí pasando por allí. Miraba desde afuera el sitio de mi recreo y lloraba recordando un pasado al que no podía regresar. Sabía que mirar hacia el camino clausurado me hacía daño pero no podía evitarlo. Entonces resolví que tenía dos opciones: cambiar de ruta o asumir el presente. Como me negué a que una reja decidiera por mí, terminé mirando al frente. Aun así, a veces no puedo librarme de la memoria aunque una cadena me ate a este momento.

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Seguridad

El Campello (Alicante). Enero 2014
El Campello (Alicante). Enero 2014

Como no me gustan las cadenas ni las rejas prefiero vivir expuesto a los robos que sometido a mi propia cárcel. Claro que… así me va. Por no tomar las debidas precauciones, esta mañana encontré que tres macetas de plástico compradas en un gran almacén de decoración por menos de un euro cada una y adornadas con plantas procedentes de esquejes habían “volado” de mi puerta. Espero que el ladrón las cuide y su contemplación le enriquezca o que le remuerda la conciencia cada vez que las vea, allá él o ella. Mientras, mi puerta está un poco más triste que de costumbre pero no lamento la pérdida material sino la aparición del miedo porque ahora temo que desaparezca el felpudo y me asomo cada media hora a comprobar que sigue en su sitio. Hoy entiendo un poco mejor a quienes se empeñan en extremar las medidas de seguridad.

Barrera

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013

Decidido a derribar fronteras me acerqué a los confines de tu cuerpo. De gasa y algodón las barreras que frenaban el impulso de los dedos, escondían y mostraban el contorno que las ganas anhelaban conquistar y, llegando hasta un punto sin retorno, tus dudas una a una logré despojar. Cayeron muros, defensas y alambradas; desmontamos, aduanas, oficinas y peajes. Y con las brújulas, por fin, alborotadas, nuestras pieles pregonaron mestizajes.

Velamen

Rinconada (Ávila). Noviembre 2013
Rinconada (Ávila). Noviembre 2013

De pie, sobre una vieja tabla de aglomerado, provisto de un alfanje de madera y oteando al horizonte mesetario, volví la cabeza a mis colegas antes de dar la orden: !Izad el velamen, al abordaje! El turbulento oleaje en que se habían convertido los montones de escombros sacudió la nave y rodamos por los suelos, vencidos por la prosa.

Reciclaje

Rinconada (Ávila). Noviembre 2013
Rinconada (Ávila). Noviembre 2013

Un pequeño vado junto al lecho de un regato hacía las veces de basurero. Nunca lo conocí lleno. Se comía casi siempre de lo que se producía y, si había que comprar algo, se iba al comercio con el envase correspondiente. Las sobras se separaban según tamaño y variedad para los cerdos, para las gallinas o para el huerto. Las latas vacías tenían varias utilidades según su tamaño y forma: comederos para los gatos, moldes para queso o flan, vaso para el pozo o incluso protectores contra la humedad de los postes de los prados. Si alguna vez, de la capital, llegaba una bolsa de plástico, se guardaba como bien preciado en un cajón a la espera de encontrarle utilidad. Los periódicos viejos suponían otro tesoro por sus infinitas utilidades; más aún que las latas. Como los muebles los había hecho un carpintero con los árboles más robustos del soto el año que se casaron los padres , también prometían durar por muchos años y si alguna tabla se rompía, se reparaba. Así es que, sin haber oído jamás la palabra reciclaje, en aquel pueblo jamás se llenó el basurero.

Sacrificio

Ocentejo (Guadalajara). Noviembre 2012
Ocentejo (Guadalajara). Noviembre 2012

Cuando vio refulgir el sol sobre el filo del cuchillo que blandía la mano que le había dado de comer desde que nació pensó que aquello era una señal del todopoderoso. Por eso no se movió ni siquiera cuando la hoja comenzaba a segarle el cuello. Lo aceptó como un designio del destino y aun tuvo tiempo para ver como la sangre salpicaba su inmaculada lana. Esa noche sus tiernos músculos como alimento celebrarían otro nacimiento mientras su pellejo se apergaminaba sin llegar, si quiera, a ser morral.