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Fugaz

Mave (Palencia). 21 de abril de 2018

Cuando era pequeño me pasaba los días esperando ilusionado a que llegasen otros días. No sólo los más señalados como la noche de reyes o mi cumpleaños sino momentos menos trascendentales como una excursión, una visita deseada… o el final de la clase. Sin embargo, a medida que crecía, me daba cuenta de que esa espera, con frecuencia, concluía en decepción. Bien porque no alcanzaba las expectativas, bien porque pasaba tan rápido que no llegaba a disfrutar lo que tanto había anhelado. Así, a fuerza de desilusiones aprendí a disfrutar el momento: ese breve espacio de tiempo que ya se ha ido casi antes de llegar pero que, cuando lo aprovechas, deja una estela en la memoria que tarda en desaparecer.

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Despacio

Porto Covo (Portugal). Diciembre 2007

Un día me di cuenta que había dejado de correr. No por el cansancio de las piernas gastadas sino porque descubrí el sabor del tiempo. Desde entonces camino paladeando cada minuto, extrayendo el néctar a las horas y reposando los días como las siestas que siguen a un buen banquete.