Caseta
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Viento

Caseta
Faro (Portugal). Agosto 2018

El viento se encargó de secar la ropa. La ropa que cubrió tu cuerpo antes del amor. El amor que nos regalamos en medio del mar. El mar que nos acogió antes que tu casa. Tu casa de ventanas abiertas. Ventanas por las que entró el viento y se llevó el amor antes de secar la ropa, camino del mar.

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Pinzas

Trevejo (Cáceres). Marzo 2015

De pequeño, dicen, no daba un ruido. Me entretenía con cualquier cosa pero una de las que más me gustaban eran las pinzas de la ropa. Mi madre se debatía entre la desesperación porque siempre le tenía el cesto descuajaringado y la tranquilidad porque mientras jugase con eso no la liaba por otro lado. El primer paso consistía en el desmontaje. Así, cada pieza cambiaba al momento de función. Había infinitas posibilidades pero el coche descapotable era la más recurrente, con su alargado morro aerodinámico y sus dos asientos para conductor y acompañante inmediatamente después. Los huecos posteriores podían servir para sentar a más gente o de maletero, dependiendo de la historia que me inventase ese día. Porque siempre, después de la fabricación, venía la fabulación. A veces me regalaban miniaturas de coches pero no me divertían tanto como las pinzas de la ropa porque no dejaban espacio para la imaginación. Después llegaron las pinzas de plástico pero, a pesar de sus llamativos colores, no me convencían y pasé a desmontar los autos de juguete.

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En casa

Trevejo (Cáceres). Marzo 2015

Los viernes llega el hijo de la capital. Lo primero que hace nada más entrar entrar es tirar la bolsa de ropa sucia en la puerta y subir a su antiguo cuarto: revuelve armarios y cajones dejando todo manga por hombro. Después baja hecho un pincel y se pasea por la cocina, levanta las tapaderas y chuperretea todos los guisos. Entonces se acuerda, me abraza y dice: “La verdad, Madre, da gusto llegar a casa. Me marcho que he quedado”.

Pinzas

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2014

El viernes por la tarde ya comienzo a ponerme nervioso. El sábado, nada más despertar el sol, deambulo por la casa mirando el reloj y asomándome a la ventana. No veo llegar el momento en que aparece, descolgándose por la cristalera, con una pinza en la boca, derramando su melena por el patio mientras una a una va entregando sus prendas al sol. A veces me descubro para recibir su sonrisa que me ilumine el día pero otras me arrebozo entre las cortinas para deleitarme observando sus manos entre el algodón, sus ojos del barreño a la cuerda. Cuando, tras la última pinza cierra el portillo, termina la fiesta y comienza otra cuenta atrás.

Quizá

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

El sol y el ruido de los coches entrando por las ventanas abiertas la despertaron. Hacía rato que los gatos lo habían intentado, sin éxito,  reclamando su dosis diaria y, en vista del fracaso, decidieron volver a echarse a su costado. Anoche no había manera de conciliar el sueño y esperó que la televisión la arrullara. Ahora seguía encendida y los personajes de la pantalla semejaban marionetas hablando sin sentido. Miró alrededor y encontró el apartamento tan desordenado como lo había dejado el día anterior pero no le importó. “Total ¿para qué?”, pensó. La boca reseca tampoco le motivó lo suficiente como para levantarse a por agua. Los gatos volvieron a maullar sin demasiado entusiasmo. Se acomodó en la cama y prestó atención a los monigotes de la tele esperando encontrar significado a sus gesticulaciones. Quizá mañana.

Camisa

 

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

Planchó la camisa con más esmero que de costumbre. Cada pliegue le recordaba un beso, cada arruga una herida. Rellenó varias veces el depósito de agua y tantas otras lo vació con deleite recordando las primeras risas, lamentando los primeros golpes. Repasó las mangas vacías de sus brazos, los botones, vacíos de su pecho, la espalda, vacía. Cuando comprobó que estaba perfecta, buscó la mejor percha y la vistió con el mismo desvelo que si cubriese su piel. Se asomó al balcón pero ignoró la llamada de la acera. De la persiana colgó el estandarte de su trabajo y salió, cerrando por fuera, por la puerta de la calle.

Un gran día

El Campello (Alicante). Enero 2014
El Campello (Alicante). Enero 2014

“Hoy puede ser un gran día”, dijo sin mucho convencimiento, sólo por alejar el silencio. “¿Tú crees?” Le contestó ella escéptica. “No, para que fuera un gran día necesitaría tener mucho dinero”, replicó él. “Y llenar la habitación de velas y quedarnos en la cama toda la mañana”, siguió ella mientras colocaba los cacharros del desayuno en el fregadero. El silencio regresó y ellos continuaron con sus tareas cotidianas, como todas las mañanas, sin apenas mirarse a los ojos.