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Cerrado

Todos los días paso por ese camino. El mismo camino que tiempo atrás tantas veces recorriera. Cuando decidí explorarlo por primera vez sentí incertidumbre y cierto temor pero terminó llevándome a un lugar donde fui feliz. Por eso volví al día siguiente y al otro hasta que una mañana lo encontré cerrado. Sin embargo seguí pasando por allí. Miraba desde afuera el sitio de mi recreo y lloraba recordando un pasado al que no podía regresar. Sabía que mirar hacia el camino clausurado me hacía daño pero no podía evitarlo. Entonces resolví que tenía dos opciones: cambiar de ruta o asumir el presente. Como me negué a que una reja decidiera por mí, terminé mirando al frente. Aun así, a veces no puedo librarme de la memoria aunque una cadena me ate a este momento.

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Cuarto

Granada. Septiembre 2011

La colcha que cubría la cama había estado de moda años atrás y el color neutro de las paredes camuflaba la suciedad. Ni esos detalles ni las láminas de supermercado que pretendían adornar la estancia nos importaban. En realidad apenas nos dimos cuenta porque después de muchos meses de deseo reprimido aquel cuarto alquilado por horas nos pareció un palacio. La ropa rodó por el suelo de terrazo y nosotros por el colchón de espuma durante más tiempo del contratado. En un descanso nos tomamos la molestia de enjuagar el apetito contenido en la ropa interior y la colgamos para que se airearse. Mientras se secaba seguimos recuperando los días perdidos.