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Paradón

Visita al Colegio Santa Rita donde estudié en los años 70.

Madrid. Marzo 2018

Ya había anochecido pero seguíamos en el colegio. Yo era de esos niños raros a quienes no les gustaban los balones aunque eso no me eximía de entrenar balonmano, el deporte rey en mi colegio. Hacía mucho frío. Corría de un lado a otro persiguiendo la pelota con el único objetivo de entrar en calor pero sin llegar a alcanzarla nunca. Tampoco mis compañeros colaboraban para que cogiese la bola porque eso significaba, con casi total seguridad, que en ese instante me la arrebataría el equipo contrario. De repente, un jugador rival lanzó el balón con todas sus fuerzas contra nuestra portería y yo, de manera instintiva, sin demasiadas ganas y sin saber muy bien por qué, levanté la mano, evitando lo que iba a convertirse en un gol seguro. Los mismos colegas que momentos antes me evitaran, acudieron a felicitarme por la magnífica jugada. En vez de alegrarme, yo lamenté la terrible decisión que provocó que mis dedos, casi congelados, me estuvieran doliendo por el golpe durante las horas siguientes.

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Primera

Alcalá de Henares (Madrid). Junio 2014
Alcalá de Henares (Madrid). Junio 2014

La primera página de todos los periódicos otorgando importancia a un hecho cuya única trascendencia consistía en el consiguiente incremento de las cuentas millonarias de algunas personas vestidas con el mismo uniforme logró que me desentendiera del asunto. Al tiempo, millones de personas celebraban, gritaban e incluso se emocionaban por aquel acontecimiento que, por otra parte, se repetía, con similares consecuencias, semana tras semana, mes tras mes o una vez al año. Eso me dejó aún más frío y salí de la ciudad. De camino encontré un grupo de chavales jugaban, reían, corrían y saltaban detrás de un viejo balón. Me senté a verlos; se lo estaban pasando… ¡de primera!

He sío

Benidorm (Alicante). Enero 2014
Benidorm (Alicante). Enero 2014

¡Con lo que yo he sío! ¡Bah! Me tenías que haber visto! Ejque no se me escapaba una… En cuanto las veía venir, date, ahí estaba yo: pumba, pumba, pumba, hasta que, claro, caía. ¡Bah! ¡Qué tiempos! Y luego las tenía to el día, qué si Antoñito por aquí, qué si Antoñito por allá… chico, no había manera de quitármelas de encima. Claro, que… ¡menudo era el Antoñito! Hasta que me cazaron. Y ahora, ya ves, ahí, con la parienta to el día: Qué si “dónde vas, Antonio”, “Antonio qué te pierdes”, “¡Antonio, deja ya de mirar!”, “Antonio, acércate a hacerme unos mandaos…” Y yo, ¿Qué voy a hacer? Sí, cariño, sí, mi amor, lo que tú digas… ¡Con lo que yo he sío!