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¡Qué se jodan!

Sofía (Bulgaria). Marzo 2018

Los girasoles deben estar granando y los gorriones peleándose por alcanzar las semillas hinchadas. Debe estar saliendo el sol en algún lugar sin cemento donde las torres no lo oculten. Ha llovido pero no piso el barro porque ni siquiera bajo las baldosas rotas veo la tierra húmeda sino charcos iridiscentes por la grasa acumulada. Imagino todo eso (el azul asomando entre las nubes recién vertidas y los pájaros juguetones entre las flores amarillas) mientras en la ciudad sin color me aprisionan entre la calzada y las cámaras de las farolas que me vigilan para evitar que sueñe. ¡Qué se jodan!

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Azul

Altea (Alicante). Marzo de 2015

“Durante el último trimestre tuvimos un crecimiento del 43 % con una cifra total de ventas muy superior a lo previsto. Como el próximo año se espera que continúe la progresión, llegaremos a alcanzar un valor sobresaliente. Pero para eso, han de cumplirse los compromisos establecidos y renovar el nivel de exigencia…”. Las palabras del director general aún resonaban en su cabeza igual que las escuchó por última vez en la sala de reuniones cuando cerró la puerta tras de sí. Mientras, buscaba en el horizonte el tono exacto de azul.

Alegría

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2014

No recuerdo bien el último día que reímos juntos. Quizá porque nunca existió ese último día. No desaparecieron de la mañana a la noche las carcajadas sino que se fueron perdiendo con cada reproche, con cada excusa, con cada desdén… hasta que un día, sin darnos cuenta, se habían desvanecido. Como el ruido que se va apoderando del silencio de manera imperceptible nuestros rostros se agravaron y las costumbres borraron las sorpresas. Una tarde, rebuscando cualquier trasto insignificante encontré aquella foto y entonces, como aquel ruido que sólo se percibe cuando calla, recordé nuestra alegría.

Olvido

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Octubre 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Octubre 2013

Olvidamos los pinceles que, aburridos sobre la mesa, esperaban tus manos hasta el lienzo. Olvidamos el retrato que, espiándonos desde el atril, esperaba la sombra de sus ojos. Olvidamos la luz que, tamizada por la lluvia, difuminaba tu cuerpo de barro. Olvidamos las horas, el trabajo y el norte para perdernos entre besos y un laberinto de ropa despojada.

Gastado

Muñana (Ávila). Marzo 2012

Acudieron juntos a la tienda y, cuando el vendedor les mostró el catálogo, no dudaron en escoger el color de la esperanza. Al llegar a casa dejaron la bolsa con los utensilios en la entrada y se tiraron sobre el suelo para dibujar mapas en la piel. Los gemidos reverberaban contra las paredes vacías. Después, mientras él se encargaba de las superficies grandes, ella cubría los rincones. Así, a pesar de que los besos interrumpían la tarea con frecuencia, no tardaron terminar la faena y todo el hogar quedó en armonía. Los años deterioraron la pintura pero no encontraron momento de regresar a la tienda. Tampoco para garabatear la espalda. Fue entonces cuando los mapas oxidados surgieron bajo las superficies gastadas.