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Gracias

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2017

Era tiempo de vendimia, de recoger los higos, las almendras y los últimos tomates. Pero, aunque el extrarradio aún estaba a medio hacer, los huertos ya se habían convertido en descampados, calles sin asfaltar y bloques de hormigón para acoger a los venidos del pueblo. Hacia el medio día, el teléfono de la lechería, uno de los pocos que había en el barrio, sonó y mi padre, que no había podido asistir al parto, salió corriendo a la calle al recibir la noticia: “¡Es niño, es niño! ¡Uno como yo! ¡Uno como yo!”. Más o menos, así me lo contaron porque yo, claro, no estaba allí. Me encontraba en la maternidad con mi madre y meando en las gafas a la enfermera que me cambiaba los pañales. Aunque de esto tampoco me acuerdo.

Desde entonces han pasado cincuenta y cuatro septiembres de resol y uvas, penas y alegrías, encuentros y pérdidas. Cincuenta y cuatro septiembres que recibo con la alegría de un racimo repleto y con la dulzura de un higo reventón aunque a veces las almendras salgan amargas.

Hoy, como todos los días como hoy, doy las gracias y soy feliz.

 

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Charcos

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2014

Del inconmensurable placer de meterse en todos los charcos…

¡Trabajad!

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013

Trabajad, trabajad, proletarios, para incrementar la riqueza social y vuestras miserias individuales; trabajad, trabajad, para que incrementando vuestra pobreza tengáis más razones para trabajar y para ser miserables. Esta es la ley inexorable de la producción capitalista. Pues los proletarios (…) se han entregado en cuerpo y alma al vicio del trabajo y conducen por ello a toda la sociedad a crisis industriales de sobreproducción que convulsionan el organismo social. Así pues, al haber exceso de mercancías y escasez de compradores, los talleres cierran y el hambre azota (…) a las poblaciones obreras. Los proletarios, embrutecidos por el dogma del trabajo, no comprenden que la causa de su miseria presente es el sobretrabajo que se impusieron durante los tiempos de supuesta prosperidad, en lugar de correr hacia los graneros de trigo y gritar: “¡Tenemos hambre y queremos comer! (…) porque fuimos nosotros quienes recolectamos el trigo y vendimiamos la uva”

Paul Lafargue. El derecho a la pereza. 1880.

Mañana

As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013.
As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013.

Cuando, once meses antes, nos despedimos, un nudo en el estómago estriñó mis palabras; a pesar de eventuales flatulencias de fin de semana, la indigestión de sentimientos duró todo el invierno. Anoche volví a verla. Reía con sus amigas mientras esperaba el comienzo del baile y me miraba burlona por encima del vaso de refresco. Me senté a su lado y acerqué la rodilla; le pregunté por el curso, por las lluviosas tardes de domingo y por los soleados en el parque pero tanto mi boca como mis manos callaron la conversación deseada. Los retortijones no me han dejado dormir. Mañana, sin falta, se lo digo.

Juntos

Cifuentes (Guadalajara). Noviembre 2012

Las tardes de invierno son frías. Más aún desde que el pueblo se vaciara. Hay días que no se ve un alma por la calle y parece que el brasero calienta menos. La gata lo sabe y se me sube a la bata para dar calor. El perro la mira envidioso y se tumba a mis pies. Entonces, como la tele cada vez es más aburrida, la apagamos para escuchar cantar al pájaro. Así, todos juntos, pasamos la noche, esperando que amanezca para salir, otra vez todos juntos, a estirar las piernas.