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Azul

Altea (Alicante). Marzo de 2015

“Durante el último trimestre tuvimos un crecimiento del 43 % con una cifra total de ventas muy superior a lo previsto. Como el próximo año se espera que continúe la progresión, llegaremos a alcanzar un valor sobresaliente. Pero para eso, han de cumplirse los compromisos establecidos y renovar el nivel de exigencia…”. Las palabras del director general aún resonaban en su cabeza igual que las escuchó por última vez en la sala de reuniones cuando cerró la puerta tras de sí. Mientras, buscaba en el horizonte el tono exacto de azul.

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En casa

Trevejo (Cáceres). Marzo 2015

Los viernes llega el hijo de la capital. Lo primero que hace nada más entrar entrar es tirar la bolsa de ropa sucia en la puerta y subir a su antiguo cuarto: revuelve armarios y cajones dejando todo manga por hombro. Después baja hecho un pincel y se pasea por la cocina, levanta las tapaderas y chuperretea todos los guisos. Entonces se acuerda, me abraza y dice: “La verdad, Madre, da gusto llegar a casa. Me marcho que he quedado”.

Lorenzo

Sigüenza (Guadalajara). Diciembre 2012
Sigüenza (Guadalajara). Diciembre 2012

Se cree Lorenzo que me engaña. Como si de sobra no supiera yo que cuando presume tanto en pleno diciembre es porque no calienta ni los pies. Igualito que un pavo real: dime de que presumes… Pero ya estoy escarmentada. En cuanto me despierto y lo veo fanfarroneando por la ventana, me arrebujo bajo la manta y sólo salgo para comprar el pan. Este no vuelve a dejarme fría.

Vida

Cotelas (Ourense). Junio 2012

Nos amamos frente al cementerio. No por gusto macabro sino porque la valla nos protegía de miradas indiscretas. Su respiración entrecortada se escuchaba entre el silencio de las tumbas y el mármol frío me devolvía sus gemidos cálidos. Bajo el manto blanco que las ánimas tendieron para arroparnos, su piel temblaba entre mis dedos y con besos apresurados cavamos la fosa donde enterrar la petite mort. Al día siguiente volvimos al mismo lugar, no para protegernos de miradas indiscretas sino para celebrar de nuevo la vida, allí, rodeados de muerte.

Pedales

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Ruguilla (Guadalajara). Noviembre 2012

Mariano tenía una moto: una pequeña Peugeot con pedales que se trajo de Francia cuando fue a la vendimia. No había más motores en el pueblo. Porque el tractor de Anselmo y la bomba para el pozo de Julián no cuentan, claro. Casi todo el mundo se movía andando o en burra. Por eso llamaba tanto la atención la bicicleta de Vicente, el cartero. Casi más que la moto de Mariano porque la mitad de las veces se quedaba sin gasolina, fallaba la bujía o se gripaba el cilindro y tenía que terminar empujando. Cada vez que llegaba Vicente todos salían a recibirlo y ni te cuento la algarabía que formaban los muchachos si ya habían salido de la escuela. También es verdad que tras el soniquete del timbre y el rodar de los radios venían las noticias, tan esperadas como la bicicleta. Vicente y sus pedales nunca faltaron del pueblo. Por eso conocía toda la historia de las piedras, todas las historias tras los muros. El día que colgó la bicicleta, la aldea comenzó a morir.

Museo

Os Teixois (Asturias). Agosto 2012

Cansado de las facturas, los atascos, los rostros desconocidos, los horarios, las discusiones absurdas… pensó regresar. Volvió al lugar donde el bosque lo alimentaba y calentaba, los vecinos le saludaban y el río le regalaba la energía. Pero en la puerta encontró una tienda de recuerdos.