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Pacifista

Plovdiv (Bulgaria). Marzo 2018

Una vez soñé que empezaba la guerra. Los dirigentes de los bandos contendientes reunían bajo la carpa de un enorme circo a una amplia representación de sus súbditos, entre los que me encontraba yo, para formalizar el comienzo. El acto consistía en sortear quien lanzaba el primer disparo; el agraciado debía apuntar a las gradas en que se encontraban los vasallos contrarios y disparar al tun tun. El azar quiso que el balazo acabase en mi cuello con tal dolor que me desperté. Ese día aparqué todas mis armas: el tirachinas, la carabina de aire comprimido, los palos que simulaban espadas… y me hice pacifista.

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Paradón

Visita al Colegio Santa Rita donde estudié en los años 70.

Madrid. Marzo 2018

Ya había anochecido pero seguíamos en el colegio. Yo era de esos niños raros a quienes no les gustaban los balones aunque eso no me eximía de entrenar balonmano, el deporte rey en mi colegio. Hacía mucho frío. Corría de un lado a otro persiguiendo la pelota con el único objetivo de entrar en calor pero sin llegar a alcanzarla nunca. Tampoco mis compañeros colaboraban para que cogiese la bola porque eso significaba, con casi total seguridad, que en ese instante me la arrebataría el equipo contrario. De repente, un jugador rival lanzó el balón con todas sus fuerzas contra nuestra portería y yo, de manera instintiva, sin demasiadas ganas y sin saber muy bien por qué, levanté la mano, evitando lo que iba a convertirse en un gol seguro. Los mismos colegas que momentos antes me evitaran, acudieron a felicitarme por la magnífica jugada. En vez de alegrarme, yo lamenté la terrible decisión que provocó que mis dedos, casi congelados, me estuvieran doliendo por el golpe durante las horas siguientes.

Un gran día

El Campello (Alicante). Enero 2014
El Campello (Alicante). Enero 2014

“Hoy puede ser un gran día”, dijo sin mucho convencimiento, sólo por alejar el silencio. “¿Tú crees?” Le contestó ella escéptica. “No, para que fuera un gran día necesitaría tener mucho dinero”, replicó él. “Y llenar la habitación de velas y quedarnos en la cama toda la mañana”, siguió ella mientras colocaba los cacharros del desayuno en el fregadero. El silencio regresó y ellos continuaron con sus tareas cotidianas, como todas las mañanas, sin apenas mirarse a los ojos.

Ahora

Madrid. Marzo 2013
Madrid. Marzo 2013

Ahora que duermen los niños y no espera la colada en la lavadora; ahora que cenarás cualquier cosa y no ponen nada en la tele; ahora que el día se acaba y te imagino agotada. Ahora que este pequeño cuarto se me echa encima y no se oye un ruido en la calle; ahora que la ropa sucia se acumula en el rincón y la nevera está vacía; ahora que la cama desecha me mira burlona y el sueño no viene. Ahora, como antes, me acuerdo de ti.