Pareja en bicl
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Hacia otro lado

Pareja en bicl
Punta Canela (Huelva). Agosto 2018

El medio día nos pilló desprevenidos. Hacía calor y tuvimos que parar. No te soportas cuando hace calor; ni cuando tienes hambre; ni cuando estás cansada, ni cuando refresca. En esos momentos yo tampoco te aguanto. Y sólo quiero mirar hacia otro lado.

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Caracoles

Alfaz del Pi (Alicante). Marzo 2013

Como la acera, como las mesas, como las sombras, mi figura forma parte del paseo donde cada mañana, cada tarde, imagino que apareces. Con las volutas de humo dibujo tu figura torneándose ante mis ojos mientras la brisa asesina termina por borrarte tras difuminar los perfiles. Y el tiempo se detiene hasta la siguiente calada. El doctor me pide que lo deje; que no me hacen bien ni el tabaco ni tu recuerdo; que el hollín ensucia mis pulmones y la nostalgia el corazón. Pero más me duele la ausencia que ocupo con caracoles al viento contemplando cómo vuelan y deshacen mientras imagino que apareces.

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Reina

Alfaz del Pi (Alicante). Marzo 2015

En el instituto no me atrevía ni a dirigirle la palabra. No tanto porque fuese la más guapa, que lo era, sino por ese aire de misterio y dignidad que la envolvía como un aura. A mí me gustaba. Sí, ya sé; también a Romero y a García y a Morales y a Mayoral y a… pero a mí me gustaba de verdad. Me enfadaban las ordinarieces que le referían cuando nos reuníamos los chicotes en el patio. Yo quería construir un castillo para la reina de la clase pero ni siquiera la hablaba. De no sonreírme ella aquella tarde, quizá aún hoy seguiría soñando. Pero me miró y me sonrió y me guiñó un ojo y hablamos y nos besamos… y hoy construyo castillos de arena junto a la orilla para los reyes de la casa mientras ella, destronada, me mira sin dirigirme la palabra.

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Vueltas

Marzo 2015

El paquete llegó con más de un mes de retraso. Ya lo había olvidado. Las arrugas del sobre marrón contaban las decenas de manos por las que había pasado hasta caer en las mías. Lo abrí con emoción y desprecinté el contenido. Tras examinarlo una y otra vez, lo dejé sobre la mesa del salón a la espera del momento oportuno. Aquella tarde ella llegó más tarde de lo normal y mis ansias crecían con la intensidad de mis nervios mientras contemplaba el lento avance del reloj. Aproveché ese tiempo para avanzar los preparativos. La parafernalia formaba parte del goce. Cuando llegó apenas le di tiempo a dejar el bolso. Apresurado, apagué la luz, la senté en el sofá y me coloqué a su lado tras poner en marcha el proyector. De lo que sucedió después podrán dar cuenta los testigos ciegos: el ruido de un motor, respiraciones aceleradas, chasquidos de labios, un intenso jadeo y el golpeteo interminable de la cinta olvidada dando vueltas.

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Sesenta y cuatro

Valencia. Diciembre 2014

¿Te acuerdas cuando cantábamos la canción medio en broma? “cuando envejezca y pierda mi cabello… ¡aún quedan muchos años!” pero poco después empecé a quedarme calvo. Más de una madrugada me estuviste esperando y alguna que otra me cerraste la puerta para castigarme. Con algo de esfuerzo y tu voluntad ahorradora conseguimos aquella casita en la que tú tejías al caer las tardes de invierno mientras yo cuidaba el jardín; sí, sí, justo como decía la canción, con los nietos correteando. ¡Quién nos iba a decir que aquellas estrofas de las que casi nos burlábamos serían nuestra biografía! Y ahora aquí estamos, “dando un paseo el domingo por la mañana”, a punto de llegar a los sesenta y cuatro ¿Todavía me necesitas?

De fondo: “When I’m sixty four”, de Lennon y McCartney

Frío

Madrid. Octubre 2014
Madrid. Octubre 2014

A veces tengo frío y ni todas las chaquetas del armario lo alivian. Sucede en otoño pero no siempre; el sol se esconde y se nubla la sonrisa, se congelan mis pies y me pongo triste. A veces tengo frío y busco tu calor. Pero tú eres de hielo y me congelas.

Para siempre

Biarritz (Francia). Agosto 2014
Biarritz (Francia). Agosto 2014

Llegué antes de tiempo. Los empleados del juzgado se afanaban en sus quehaceres intentando reducir las montañas de papeles acumulados por todos los rincones. Mientras esperaba jugué a averiguar en cual de ellas reposarían los nuestros. No entraba luz natural por ninguna ventana y el imperceptible parpadeo de los fluorescentes me aturdía. Eso… y la espera. Para serenarme comencé a imaginar las historias ocultas tras cada expediente pero sólo lograba recordar aquella mañana en la playa cuando ella me preguntó: “¿Me querrás siempre?”. Entonces entró airosa del brazo de su abogado, oculta la mirada tras las gafas y preguntando a toda la oficina con la barbilla levantada. Contesté en silencio.