Paraguas

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Una vez tuve un paraguas. Amaneció nublado y mi madre se empeñó en que no fuera desprotegido: “que luego te pones malo”. Al salir de clase llovía a cántaros y Maricarmen esperaba en el patio, bajo un alero, mirando al cielo inquieta. Me ofrecí a llevarla y aceptó. Antes nunca habíamos hablado; aquel era su primer año en el colegio y apenas hacía un mes que había comenzado el curso. Bajo el techo de nailon comenzamos a conocernos mientras arrimaba su cuerpo al mío para evitar mojarse. El agua que resbalaba por las varillas formaba una cortina que nos aislaba del mundo. En aquel hogar me sentí feliz. “Ya no llueve”, me dijo de repente cerca de su portal. Cerré el paraguas y lo olvidé en el suelo mientras nos despedíamos. Supongo que mi madre recriminó mi olvido pero también olvidé la reprimenda para conservar el momento en que nuestras manos se rozaron para sujetar mejor la sombrilla. Maricarmen salió del colegio al año siguiente y yo nunca he vuelto a llevar paraguas.

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Marchito

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013

El otoño avanzaba mientras creí que te necesitaba. Cumpliste años y lo celebramos con besos escondidos. Seguía pensando que te necesitaba y llegó el invierno con más besos en los portales. También tú me quisiste en primavera y florecieron besos en los parques. Nos amamos por el día y nos soñamos en la noche hasta que llegó el verano agostando los deseos clandestinos. Y después otro otoño de besos marchitos templados por el sol del mediodía mientras yo imaginaba que te seguía necesitando.

El río

Alto Tajo (Guadalajara). Noviembre 2012
Alto Tajo (Guadalajara). Noviembre 2012

“Todo estaba dispuesto, aunque nadie lo supiera porque la vida no avisa. A veces se divierte soplando en sus trompetas para nada; otras, en cambio, su corriente reúne a la callada ciertos seres y cosas, y deja que pase lo que tiene que pasar. Sólo mucho después se reconoce lo decisivo de cierta circunstancia […]. Es inútil cavilar: fue un capricho del río, un vuelco de la sangre.”

De “El Río que nos lleva“; José Luis Sampedro.

Veranos

Majaelrayo (Guadalajara). Marzo 2013
Majaelrayo (Guadalajara). Marzo 2013

No había vuelto por allí desde que dejamos de ir al pueblo. Entonces la alegría inundaba la casa. La alberca que mi abuelo pintó de azul para convertir en piscina bullía a diario de niños y niñas intentando aplacar los rigores veraniegos. Mientras, los de la otra pandilla se bañaban en el río y nos miraban tan celosos que por la tarde nos esperaban escondidos para lanzarnos piedras. Aquellas peleas infantiles, aparentemente inocentes, derivaron en batallas que salpicaron a los mayores. No fui consciente del que sería el último verano ni siquiera cuando vi a mis padres empaquetar más bultos de los normales al llegar septiembre. Después llegaron los hoteles con sus enormes piscinas y niños extranjeros que rara vez buscaban bronca pero aquellos baños del huerto me acompañaron en la memoria durante muchos veranos.

Pasa

Palazuelos (Guadalajara). Diciembre 2012
Palazuelos (Guadalajara). Diciembre 2012

“Ayer a uno y mañana a tres ¡vaya paso que lleva el mes!” decía mi abuelo todos los segundos días que compartíamos. Y a fuerza de oírle, se me pegó la cantinela. Como se me pegó la letra de la sevillana de Romero San Juan que me recuerda que “pasa la vida y no has notado que has vivido” y cada fecha significativa me pongo a canturrearla: “…igual que pasa la corriente” y todo se olvida. Pasan los días, pasan los años y pasa el ritmo de la vida a través de los cristales de la ventana de León Felipe “y la muerte también pasa”. “Y yo, camino indiferente donde me quieran llevar”.

Hojas

Pelegrina (Guadalajara). Diciembre 2012
Pelegrina (Guadalajara). Diciembre 2012

Cuando te vi subir al tren arrastrando la maleta aun no sabía que te echaría de menos. Pero al volver a casa y abrir la puerta encontré a la noche instalada, los relojes dormidos y el silencio gritando. Ni siquiera llegué al salón: me di media vuelta y me senté a contar las hojas perdidas de un árbol ralo mientras esperaba tu regreso.

Periodistas

Zaorejas (Guadalajara). Noviembre 2012
Zaorejas (Guadalajara). Noviembre 2012

Estos días que los medios de todo el mundo publican sus listas de mejores fotos he confirmado algo que ya sabía: en esas galerías no encontrarás ésta ni cualquier otra de mis fotografías. En primer lugar porque no están a la altura, sin duda. Pero también porque mis ojos no buscan el conflicto, ni la sangre sino la armonía y la paz. Ambas realidades pasan ante nuestros ojos pero se ha demostrado que capturar la miseria no ayuda a erradicarla. Cuando pienso que quizá me equivoque releo las palabras de Eugène Ionesco: “Siempre hay niños ahogados, ancianos hambrientos, viudas lúgubres, huérfanos, moribundos, errores judiciales, casas que se hunden sobre las personas que las habitan, montañas que se derrumban… y matanzas, diluvios, perros aplastados. Gracias a eso pueden ganarse la vida los periodistas.”