Vapor

Ruguilla (Guadalajara). Noviembre 2012

Mi abuelo me contaba que desde lo alto del campanario, los días despejados, podía verse casi hasta la capital pero que, incluso los días más nubosos, las cercanas montañas recortaban el cielo para enmarcar el pueblo. También me contaba que no tenían tele y que por las noches conversaban al calor de la lumbre iluminados por un candil; que había una bombilla en la casa del alcalde y otra en la plaza del pueblo. Después llegó el progreso y las calles se cubrieron de cables que, como guirnaldas, cruzaban de un lado a otro. Hoy todas las casas tienen antenas y calefacción pero en el horizonte las protagonistas no son las montañas sino dos enormes chimeneas que constantemente escupen, dicen, vapor de agua.

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Saludo

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Octubre 2012

Como ayer, como la semana pasada, como el mes anterior, nada más despertar miré a través la ventana y saludé al cielo. Me devolvió el saludo con un ramo de nubes ardientes; ayer con ovejas sin esquilar amontonándose y la semana pasada con un azul tranquilizador; quizá porque el mes anterior no quiso ofrecerme colores. Así, cada mañana, el cielo me recibe de un modo diferente mientras yo me enfrento a un día prácticamente igual al de ayer, al de la semana pasada, o al del mes anterior.

De dios

Villamiel de Toledo (Toledo). Octubre 2012

Que las ovejas son tontas lo saben hasta las vacas tontas. No lo digo yo, sino Mo, que conoce bien a vacas y ovejas. Lo que no saben ni siquiera las vacas listas es si las ovejas son animalitos de dios que van directos al cielo. Eso no lo dice Mo, sino yo, que soy incapaz de ponerme en la piel de una oveja por muchos jerseys de lana que me compre y que dudo mucho de la existencia de dios. Quizá sea porque los humanos somos más tontos que las ovejas; al fin y al cabo, nos movemos igualmente en rebaños, guiados por un pastor y no sabemos salir de la manada si no es pisoteando a un semejante.

Cardos

Huecas (Toledo). Octubre 2012

Aunque sabía que teníamos mucho trabajo pendiente, mantenía viva la ilusión porque pensaba que, poco a poco, avanzaríamos hacia la meta soñada. No ignoraba que las hierbas malas crecen con fuerza y obligan a redoblar los esfuerzos pero, iluso, creí que terminaríamos con ellas. Incluso ahora, a veces, lo sigo pensando. Alguna mañana, sin embargo, cuando acudo a la tierra en busca del fruto anhelado y sólo encuentro desafiantes cardos que emergen, la esperanza se desinfla con sus púas.

Negro

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Diciembre 2010

Paisaje negro dibujado por pájaros egoístas que reposan sobre ramas indiferentes agitadas por el odio del viento helado. Paisaje negro trazado a brochazos por nubes ciegas que con sus mentiras quieren oscurecen más aún el cielo azul oscuro. Paisaje negro que me envuelve mientras piso un suelo desgastado por tantas pisadas esperanzadas a la espera de un rayo de luz que borre pronto este negro paisaje.

Despegue

Miño (Coruña). Agosto 2010

Todavía ahora, de vez en cuando, sueño que vuelo. Cuando algo no me gusta, simplemente, agito los brazos y despego del suelo. Se trata de una cualidad única que casi nadie posee aunque a mí me resulte tan sencillo como caminar o jugar entre las olas. Por eso todos se quedan sorprendidos de mi habilidad. A medida que asciendo los problemas se reducen y cuando aterrizo han desaparecido. Sólo son sueños y despierto pegado a la cama sobre tierra firme pero de tanto repetirlos casi he aprendido a volar, incluso con los ojos abiertos. Es fácil, sólo tengo que desearlo y despego.