Paces

As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013
As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013

Pues no me importa. Yo tampoco le ajunto. Y ahora juego yo solo. Cuando me vea se va a morir de envidia y seguro que viene a pedirme las paces pero no me da la gana. ¡Qué se fastidie! Para él todos los cromos, ya no los quiero. Pero yo no me quedo sin jugar; aunque sea solo y él que haga lo que quiera. Bueno, si viene antes de que cuente diez, a lo mejor le perdono. Total, no ha sido para tanto. Venga, cuento treinta; la verdad es que empecé yo la riña. A lo mejor viene antes de que empiece el baile. Todavía tengo en el bolsillo el dinero que me dio mi madre. Creo que le voy a pedir que hagamos las paces porque ¿Para qué quiero jugar yo solo?

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Oscuro

As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013
As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013

Me había prometido un beso pero le daba vergüenza, decía. Por eso, aprovechamos que nadie nos veía y nos alejamos a lo oscuro. Acerqué mi mano a la suya pero la esquivó. Cerré después los ojos y, apretando fuerte los labios se los mostré confiando recibir el premio convenido. Me moría de ganas pero también de miedo. Por eso no decía nada y me quedé un rato allí, ciega y con la boca de piñón esperando su respuesta. Como tardaba, me cansé y abrí los ojos. ¡El muy imbécil…!

Le prometí un beso pero me daba muchísima de vergüenza. Aunque me moría de ganas no quería que nadie nos viese y nos marchamos a lo oscuro. Estaba tan nervioso que no dejaba de picarme todo el cuerpo y justo, cuando me voy a rascar la oreja, va ella y acerca su mano. ¡Con lo que me apetecía acariciarla! Debió pensar que la esquivaba y yo creí que se había enfadado porque se calló y cerró los ojos. Así que aproveché ese momento: supongo que también por los nervios, llevaba un buen rato aguantándome y ya no podía más; o me iba en ese instante o me lo hacía en los pantalones…

Rosa

Madrid. Julio 2013
Madrid. Julio 2013

Si cierro los ojos el sol se cuela por los párpados y se ven nubes de color rosa. No todas tienen forma pero es mejor porque así me puedo inventar lo que quiera. Cuando me apetece un helado, miro al cielo y el cucurucho se dibuja con una bola enorme. Si me acuerdo del perro que no me quieren traer mis padres, aprieto un poco más los ojos y juguetea sobre mi cabeza. Luego, si me canso, los abro de repente; una luz enorme se me pone delante y poco a poco vuelven mi hermano molestando, mi madre chillando que me levante, mi padre a lo suyo y un niño que no conozco que no deja de mirarme en silencio. Entonces vuelvo a cerrar los ojos me subo al caballito rosa que pasa trotando en ese momento.

Deleite

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2012

Imaginé aquel concierto como una gran cocina en la que los músicos, con los pucheros de sus instrumentos, cocinaban un exquisito plato cuyo aroma, en forma de melodía, se extendía por toda la plaza. Los adultos menos golosos continuaron su camino ignorando el manjar mientras que los niños, atraídos por las notas recién horneadas, se acercaron al escaparate, pidieron a su madre un trocito de aquel pastel y se sentaron a degustarlo con deleite.

Universo

Torre del Mar (Málaga). Abril 2012

Nuestro universo entonces era diferente: el horizonte no llegaba al final del barrio; los compromisos se limitaban a terminar los deberes y la merienda; los viajes más largos se hacían en el asiento trasero de un coche pequeño hasta el pueblo de donde emigraron los padres. Nuestro universo entonces era diferente: un beso en la mejilla ruborizaba un rostro; una caricia en la mano prometía paraísos; una margarita deshojada paraba o aceleraba el corazón.
Nuestro universo entonces era diferente, pequeño pero fantástico, desconocido, lleno de sorpresas… delicioso.

Ambulante

Málaga. Abril 2012

“Si me das un puñado de pipas te regalo una canción”, le dijo el niño a la princesa del Sol. “Me sobran palabras y me faltan semillas” le respondió desdeñosa. Pero se comieron los versos y arrojaron las cáscaras al arroyo. Con regusto salado en el paladar, el músico continuó su camino siguiendo a la flota de estrofas sobrantes que se llevaba la corriente.

Pensamientos

Málaga. Abril 2012

Las palomas no saben lo que pienso pero les importa poco. Sólo les preocupa encontrar su ración diaria de pan duro. Por eso, en cuanto me acerco al banco de costumbre acuden alborotadas como si festejaran mi llegada. Mi nieto tampoco sabe lo que pienso y a veces creo que no le importa demasiado. Le gusta venir conmigo al parque y alimentar a las palomas porque así se siente importante para alguien y, de paso, no tiene que aguantar las broncas de sus padres. También yo ignoro lo que pasa por las cabezas de las palomas y de mi nieto pero me gusta pasear con él y alimentar a los pájaros mientras observo a mis pensamientos revolotear como si tuvieran algo que festejar.