Oscuro

As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013
As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013

Me había prometido un beso pero le daba vergüenza, decía. Por eso, aprovechamos que nadie nos veía y nos alejamos a lo oscuro. Acerqué mi mano a la suya pero la esquivó. Cerré después los ojos y, apretando fuerte los labios se los mostré confiando recibir el premio convenido. Me moría de ganas pero también de miedo. Por eso no decía nada y me quedé un rato allí, ciega y con la boca de piñón esperando su respuesta. Como tardaba, me cansé y abrí los ojos. ¡El muy imbécil…!

Le prometí un beso pero me daba muchísima de vergüenza. Aunque me moría de ganas no quería que nadie nos viese y nos marchamos a lo oscuro. Estaba tan nervioso que no dejaba de picarme todo el cuerpo y justo, cuando me voy a rascar la oreja, va ella y acerca su mano. ¡Con lo que me apetecía acariciarla! Debió pensar que la esquivaba y yo creí que se había enfadado porque se calló y cerró los ojos. Así que aproveché ese momento: supongo que también por los nervios, llevaba un buen rato aguantándome y ya no podía más; o me iba en ese instante o me lo hacía en los pantalones…

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Rosa

Madrid. Julio 2013
Madrid. Julio 2013

Si cierro los ojos el sol se cuela por los párpados y se ven nubes de color rosa. No todas tienen forma pero es mejor porque así me puedo inventar lo que quiera. Cuando me apetece un helado, miro al cielo y el cucurucho se dibuja con una bola enorme. Si me acuerdo del perro que no me quieren traer mis padres, aprieto un poco más los ojos y juguetea sobre mi cabeza. Luego, si me canso, los abro de repente; una luz enorme se me pone delante y poco a poco vuelven mi hermano molestando, mi madre chillando que me levante, mi padre a lo suyo y un niño que no conozco que no deja de mirarme en silencio. Entonces vuelvo a cerrar los ojos me subo al caballito rosa que pasa trotando en ese momento.

Deleite

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2012

Imaginé aquel concierto como una gran cocina en la que los músicos, con los pucheros de sus instrumentos, cocinaban un exquisito plato cuyo aroma, en forma de melodía, se extendía por toda la plaza. Los adultos menos golosos continuaron su camino ignorando el manjar mientras que los niños, atraídos por las notas recién horneadas, se acercaron al escaparate, pidieron a su madre un trocito de aquel pastel y se sentaron a degustarlo con deleite.

Gimnasia

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2011

La clase de gimnasia siempre supuso un suplicio. Comenzaba a ponerme nervioso desde por la mañana al vestirme con el chándal reglamentario y cuando, horas después, sonaba el timbre para bajar al patio, el pánico me bloqueaba. Los más ágiles y fuertes disfrutaban con los ejercicios y exhibían sus habilidades sobre el plinto como gallos encaramados a un palo. Los débiles y torpes nos escondíamos al final de la fila confiando en pasar inadvertidos ante los ojos medidores del profesor. No recuerdo que nunca se conjugaran los verbos “participar”, “aprender” o “disfrutar”. Los adverbios comparativos y el único objetivo de la victoria aumentaban constantemente los tiempos a batir, las alturas a saltar o el peso a lanzar consiguiendo así aumentar las distancias entre ganadores y perdedores. Solo muchos años después, con el cronómetro ya olvidado, comencé a disfrutar del ejercicio.

Cómplices

Ourense. Agosto 2011

Aquella mañana madrugué más de lo habitual. Me levanté animado por el frescor del amanecer que aún entraba por la ventana y me dirigí a la cocina. Allí, mi abuela se sorprendió al verme tan temprano. Sonrió y me alzó a la mesa con un beso de buenos días. “Hoy es un día especial”, me dijo. Yo no entendía por qué pero también sonreí. Sobre la mesa colocó una fuente enorme de churros recién fritos que había estado amasando mientras yo dormía. Abrí los ojos como platos al tiempo que decía apenado: “Ha dicho mi madre que si como muchos churros luego me duele la tripa”. Ella tomó uno de los fritos más recientes y, al tiempo que lo abría y soplaba para que no me quemara, me lo ofreció  mientras guiñaba un ojo cómplice.

Descubrimiento

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Febrero 2011

Al año nos conocimos
haciendo flanes de arena;
bien pronto nos descubrimos:
tú eras nene y yo era nena
En el verano segundo,
escapamos de la yaya
siguiendo una cucaracha,
y descubrimos que el mundo
no era solo nuestra casa
Tiempo de sol,
zapatitos de charol
Tiempo de luz,
yo de rosa y tú de azul

De Habanera del Primer Amor, Vainica Doble

Equivocación

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2010

Como la paloma, me equivoqué. Me dormí en la cumbre de una rama creyendo muerto el pasado. Me equivoqué. Creí que la esperanza se escondía en el horizonte del mar, no en la cumbre de un trono. Me equivoqué. Por buscar siempre la luz creí que ya estaba amaneciendo cuando en realidad aún dura la noche. Me equivoqué.