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Real

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San Martín de los Herreros (Palencia). Febrero 2018

Éramos tan felices que creíamos vivir en un sueño, ignorando las señales que nos indicaban el camino a la realidad. Éramos tan felices que caminábamos sin pisar el suelo, rechazando las señales que nos indicaban el camino por el que andar. Éramos tan felices que, ciegos a todo lo ajeno, nos topamos con la vida real y despertamos de golpe.

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Helado

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Cervera de Pisuerga (Palencia). Febrero 2018

La noche se cerró como el castillo en que convertimos el dormitorio: el viento golpeaba las ventanas marcando el compás de nuestros lances; fuera los copos salteaban el cielo, dentro las caricias pimentaban tu piel. En la calle el mercurio se precipitó termómetro abajo mientras nuestros cuerpos se fundían.

A la noche negra siguió una mañana blanca. Un manto de nieve cubría las calles como tu cuerpo se había cubierto de besos y el sol irisaba el hielo como las sábanas habían brillado con tu  mirada. Feliz y hambrienta, me pediste salir a desayunar y caminamos cogidos del brazo. Danzamos sobre los carámbanos hasta que encontraste un tentempié: “Quiero un helado –dijiste– estoy ardiendo“.

Manto

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013

La luna extendió su mantel sobre la mesa y nosotros el vino y las viandas. Vaciamos las copas tan despacio -o tan deprisa- como avanzaba la noche y terminado el licor nos embriagaron los besos o las estrellas. ¿Mañana? Preguntaste. Nunca se sabe, respondí. Pasados los años no volví a verte y hoy un manto de nieve cubre el tablero sobre el que nos amamos.

Mirador

Paracuellos del Jarama (Madrid). Febrero 2012

Aquí quien vive es mi hija, estoy unos días con ella y luego me voy a casa de la otra que tiene un chalet por ahí abajo… no recuerdo el nombre del pueblo. Yo soy justo de detrás de aquellas montañas. Allí nací y allí crecí, atendiendo al ganado y llevándolo de un lado para otro en busca de pastos mejores cuando llegaban las nieves. Ahora salgo un rato a pasear y echo la mañana hasta la hora de comer. ¿Has visto los aviones?

Sol

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Enero 2010

Busco, evitando la repetición, el comienzo de este texto: tus ojos o tu mirada, tu sonrisa o tu boca, tu sexo o el amor… ninguno sirve de tan usado. Pero todos ellos, juntos o separados, calientan la mañana blanqueada por la rutina fría como el sol de invierno despierta la nieve que duerme sobre la hierba.

Lejos

Sighisoara (Rumanía). Noviembre 2006

Cuando la nieve cubre los tejados en Transilvania, amarillean los parques de Madrid. Las calles empedradas se vacían de gente mientras las parejas se abrazan melancólicas sobre una alfombra dorada de hojas muertas. Eso sucede en el mismo día pero jamás al mismo tiempo porque cuando el sol de soslayo ilumina las tardes de Madrid ya es de noche y la nieve se ha helado en las calles de Sighisoara. Cómo dudar que nos quisimos, que me seguía tu pensamiento y mi voz te buscaba. Nos quisimos, es cierto: otoño, invierno, sol y luna. Pero jamás al mismo tiempo, jamás en el mismo lugar.
(Parafraseando a Ángel González.)

Al sur

Rasnov (Rumanía). Noviembre 2006

Cuando sientas que se enfrían las esperanzas, cuando el hielo cubra el ánimo, si un viento gélido te empuja hacia donde no quieres, si el frío te cala hasta congelar incluso tus convicciones, pon rumbo al sur.