Guiño

Madrid. Marzo 2014
Madrid. Marzo 2014

Cuando aquella tarde encontré tu cara entre las últimas filas del público, todos los días del clase que había deseado acariciar tu melena mientras miraba tu espalda en el pupitre delantero se agolparon en la boca de mi estómago. Entonces se difuminaron el resto de espectadores y sólo tuve ojos para los tuyos. Descubrí tu sonrisa y empecé a tocar sólo para ti, como si no existiera auditorio y las velas titilaran entre nosotros. Con un guiño me dijiste que poco te importaban mis compañeros y sospecho que sus acordes sólo sirvieron para abrirme paso hasta tu boca. Tras el concierto nos amamos sobre el césped; después desapareciste en la noche pero cada vez que suena aquella melodía regresa la promesa de tu guiño.

Anuncios

Guiño

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Mayo 2013

Hasta la tercera canción todo parecía normal. De pronto los pies cobraron vida y al unísono comenzaron a ejecutar un ligero vaivén acompasado. Les siguieron las rodillas y al poco las caderas. Después los brazos, separados de los troncos, agitaron el aire como espantando mosquitos. Antes de terminar esa tercera pieza, un puñado de gente desconocida que sólo seis minutos antes poseían sus propios cuerpos, habían perdido el control de las extremidades y bailaban despojados de vergüenza. También desbocado, logré un segundo de juicio para observar alegre la escena. “Tranquilo, todo está controlado” me dijo el músico en ese momento con un guiño cómplice.

Músicos

Muñana (Ávila). Febrero 2013
Muñana (Ávila). Febrero 2013

No recuerdo una celebración sin dulzaina. Me crié entre jotas y pasodobles al ritmo que marcaba el tambor siguiendo la melodía de la caña. Mientras los mayores parecían saber bailar todas las piezas, los pequeños dábamos saltos sin sentido con los brazos alzados o nos agitábamos en vaivén intentando pegarnos a la chica que más nos gustaba o alejarnos de la que no. Ya entonces me admiraban los músicos: siempre de fiesta pero siempre trabajando, repartiendo alegría aunque sufrieran tristeza, animando el baile nocturno aunque se cayeran de sueño, riendo las gracias al último borracho o templando la juerga aunque se pelasen de frío. Muchas veces, a cambio de poco más que una copa y un par de rosquillas.

¡Atraco!

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2012

Terminada su actuación, los músicos volvían a casa por un callejón oscuro al tiempo que rebuscaban en los bolsillos con qué pagarse la cena. Absortos en su conversación sobre el brillante solo del trompetista en el tercer tema y de “la cagada” del batería a mitad del concierto, la aparición les pilló de improviso; armado con un pliego de leyes, un gobernante les cortó el paso: “¡Manos arriba, esto es un atraco!”

Trompeta

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2012

Cuando Bello Sandalio se dio cuenta de que amaba más a la Dama del Piano que a su trompeta, le puso a ésta el nombre de Golondrina. Un sonido áspero rasgó las páginas del libro y me devolvió a la realidad durante unos instantes: Un músico venido de fuera se ganaba la vida ofreciendo melodías. Y lloré porque Candelarito del Carmen acababa de dormir para siempre en su cuarto día de vida.
La Mazamorra no se masca. Eso lo sabía bien Candelario Pérez y Golondrina del Rosario sentía que ni toda la música del mundo, ni toda la poesía que su madresita del alma le entregó, podían mitigar el dolor y el tormento infinito que le estaba trepanando el alma. Pensé que, como a ella, nadie podría arrebatarme el recuerdo de aquellas noches ardientes en las que gemíamos música de placer al tiempo que las bocas se inundaban de nardos, aquellas noches en que nos amábamos sin partitura, a capella, sin medida.

(Inspirado en Fatamorgana de amor con banda de música, de Hernán Rivera Letelier)

Ambulante

Málaga. Abril 2012

“Si me das un puñado de pipas te regalo una canción”, le dijo el niño a la princesa del Sol. “Me sobran palabras y me faltan semillas” le respondió desdeñosa. Pero se comieron los versos y arrojaron las cáscaras al arroyo. Con regusto salado en el paladar, el músico continuó su camino siguiendo a la flota de estrofas sobrantes que se llevaba la corriente.