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Nadie como tú

Praga. Febrero 2015

A veces me cruzo con bellas miradas centelleantes; pero no iluminan como tus ojos.
A veces salen palabras de labios jugosos; pero no calman como tu boca.
A veces senos turgentes magnetizan al encuentro; pero no calientan como tus pechos.
A veces jóvenes talles cimbreantes llaman a voces; pero no acogen como tu cuerpo.

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Sesenta y cuatro

Valencia. Diciembre 2014

¿Te acuerdas cuando cantábamos la canción medio en broma? “cuando envejezca y pierda mi cabello… ¡aún quedan muchos años!” pero poco después empecé a quedarme calvo. Más de una madrugada me estuviste esperando y alguna que otra me cerraste la puerta para castigarme. Con algo de esfuerzo y tu voluntad ahorradora conseguimos aquella casita en la que tú tejías al caer las tardes de invierno mientras yo cuidaba el jardín; sí, sí, justo como decía la canción, con los nietos correteando. ¡Quién nos iba a decir que aquellas estrofas de las que casi nos burlábamos serían nuestra biografía! Y ahora aquí estamos, “dando un paseo el domingo por la mañana”, a punto de llegar a los sesenta y cuatro ¿Todavía me necesitas?

De fondo: “When I’m sixty four”, de Lennon y McCartney

Caramelo

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Bajo la lluvia te espero con la sonrisa en los labios, con el deseo de un beso que cure los desagravios de tu amargo retraso que me tiene en vilo contando caer las hojas ya del chopo, ya del tilo. Y aunque dulce es la espera cuando el ansia es placentera, viendo pasar la gente llevo ya un buen rato; miro el reloj y pienso que soy para ti un pazguato, un simple, un bobo, un lelo que aún te sigue esperando frente a la tienda del caramelo.

Paraguas

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Una vez tuve un paraguas. Amaneció nublado y mi madre se empeñó en que no fuera desprotegido: “que luego te pones malo”. Al salir de clase llovía a cántaros y Maricarmen esperaba en el patio, bajo un alero, mirando al cielo inquieta. Me ofrecí a llevarla y aceptó. Antes nunca habíamos hablado; aquel era su primer año en el colegio y apenas hacía un mes que había comenzado el curso. Bajo el techo de nailon comenzamos a conocernos mientras arrimaba su cuerpo al mío para evitar mojarse. El agua que resbalaba por las varillas formaba una cortina que nos aislaba del mundo. En aquel hogar me sentí feliz. “Ya no llueve”, me dijo de repente cerca de su portal. Cerré el paraguas y lo olvidé en el suelo mientras nos despedíamos. Supongo que mi madre recriminó mi olvido pero también olvidé la reprimenda para conservar el momento en que nuestras manos se rozaron para sujetar mejor la sombrilla. Maricarmen salió del colegio al año siguiente y yo nunca he vuelto a llevar paraguas.

Amarte

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Plutón desarrolla estos días una inusitada actividad geológica mientras en nuestra calle llueve. Los geólogos estudian el proceso y tú no sabes qué ponerte. Más allá de Neptuno debe hacer frío pero queda lejos, como tu amor. Y aunque el sol caliente más en Venus, ni siquiera tengo ganas de ir a Marte, tan solo quiero amarte aquí, en el corazón de la ciudad.