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Murmullo

Sortelha (Portugal). Marzo 2015

Quizá sigamos jugando en aquel banco. Sí, ya sé que no estas; yo tampoco, pero algunas noches acudo y me acompañas, aunque ignoro si tú lo sabes. Con frecuencia se escucha un murmullo; parece el viento que se cuela entre los rincones pero si prestas atención, descifrarás los diálogos: nuestras palabras mezcladas con todas las conversaciones de las que fue testigo aquella mesa. Quizá nos quedáramos allí para siempre, viendo como la maleza crecía alrededor de nuestras risas mientras el té se enfriaba.

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Organización

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Mayo 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Mayo 2014

Hasta que llegó el quinto no había demasiado problema. Incluso con un poco de anarquía conseguíamos que los niños llegaran a tiempo al colegio y sentarnos todos juntos a la mesa para las comidas. Cuando nació Marcial las cosas se complicaron y necesitamos imponer disciplinas. A partir del sexto la organización cuartelaria nos salvó del caos.

Big Bang

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2014

La luz cenital derramada sobre el tapiz creaba un dramático claroscuro contra nuestros cuerpos apoyados en la banda del billar. Pendientes sólo del arrebato, no nos dimos cuenta de la carambola a pesar de que todas las bolas de la mesa salieron despedidas como en “La Gran Explosión” con que todo comenzó. Nadie que hubiera visto la intensidad de los besos y la temperatura que alcanzó la sala se atrevería a discutir sobre el origen del universo ni a negar la existencia del amor fugaz. Como las bolas encima de la pizarra, mis dedos se expandieron por su espalda creando un infinito cosmos de caricias comparable sólo a sus cabellos rojizos que, como perseidas caían por mis manos. Comprendí, por fin, la teoría del caos cuando, atraído por la fuerza que me unía a su órbita nos amamos sobre el tapiz hasta que un camarero nos separó. Sin resolver la ecuación, nos confinaron a la barra del bar. El final siempre es impredecible.

La cuenta

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2014

Perdimos la cuenta. Casi siempre perdemos la cuenta y no queda más remedio que confiar en la honradez del camarero. Tenemos cosas más importantes de que ocuparnos: el valor de una sonrisa, la complicidad de una mirada, la inmortalidad de la música… y mientras, siguen llegando botellas llenas que se vacían entre palabras cada vez más atropelladas: pensamientos filosóficos que escribimos en servilletas de papel sobre una mesa sudorosa.

 

Manto

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2013

La luna extendió su mantel sobre la mesa y nosotros el vino y las viandas. Vaciamos las copas tan despacio -o tan deprisa- como avanzaba la noche y terminado el licor nos embriagaron los besos o las estrellas. ¿Mañana? Preguntaste. Nunca se sabe, respondí. Pasados los años no volví a verte y hoy un manto de nieve cubre el tablero sobre el que nos amamos.

Frío

Lixa (Portugal). Agosto 2013
Lixa (Portugal). Agosto 2013

Cuando Amancio se quedó solo perdió las ganas de volver a casa. Con la excusa de que la leche se estropeaba antes de terminar el litro del paquete, comenzó a desayunar en el bar de la esquina. Para comer siempre elegía el mismo restaurante cercano al taller. Logró tanta familiaridad que la cocinera le preguntaba con frecuencia sus preferencias antes de confeccionar el menú del día. Alargaba las tardes paseando y, cuando no tapeaba con los amigos por las tabernas del barrio, se iba a la cama sin cenar. Así, el frío se fue apoderando de la casa; comenzó por la cocina, después se instaló en el salón y poco a poco fue tomando el dormitorio hasta que una mañana, Amancio se despertó arrecido antes de tiempo. Revisó puertas y ventanas en busca de corriente pero no encontró el origen. Desconcertado, entró en la cocina y decidió prepararse una café para entrar en calor. Al encender el fuego, el entrañable aroma se extendió por las habitaciones templando así el hogar. Esa noche Amancio cenó en casa.