Reloj

Madrid. Octubre 2014
Madrid. Octubre 2014

A diario no necesito consultar el reloj. Sé que voy a tiempo cuando, al salir de casa, me cruzo con el del siete paseando al perro. Los niños del tercero juguetean alrededor del coche mientras la madre, desquiciada, intenta meterlos dentro para llevarlos al colegio. El barrendero ya ha llegado a la esquina con la calle principal y el camión de reparto diario se detiene, apurando frenos, frente a la panadería. Si voy demasiado pronto, aún no has salido a limpiar el balcón. Entonces me detengo, disimulando consultar el teléfono y espero hasta que apareces. Me deleito unos segundos contemplándote y sigo, feliz, rumbo al trabajo.

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Frío

Madrid. Octubre 2014
Madrid. Octubre 2014

A veces tengo frío y ni todas las chaquetas del armario lo alivian. Sucede en otoño pero no siempre; el sol se esconde y se nubla la sonrisa, se congelan mis pies y me pongo triste. A veces tengo frío y busco tu calor. Pero tú eres de hielo y me congelas.

Huída

Madrid. Junio 2014
Madrid. Junio 2014

Aún no sé por qué me fui. Sonaba “Shoud I stay or should I go” y ella se acercó a la barra para pedir una cerveza. Entonces tomé la decisión aunque no encontrase motivos. El volúmen de la música dificultaba la conversación y aún así escuché sus latidos; la luz tenue y el humo dificultaban la visibilidad y aún así sorprendí a sus pupilas. Pero me fui con el eco aún reciente del último compás de los Clash. Con el beso de despedida colocó en mi mejilla una gota de decepción que yo correspondí con otras de disculpa. Quizá debiera haber resuelto la eterna duda de la canción pidiendo otra cerveza y remedando a las parejas que se enredaban en los rincones oscuros. Pero me fui y nació este blues.

Alegría

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2014

No recuerdo bien el último día que reímos juntos. Quizá porque nunca existió ese último día. No desaparecieron de la mañana a la noche las carcajadas sino que se fueron perdiendo con cada reproche, con cada excusa, con cada desdén… hasta que un día, sin darnos cuenta, se habían desvanecido. Como el ruido que se va apoderando del silencio de manera imperceptible nuestros rostros se agravaron y las costumbres borraron las sorpresas. Una tarde, rebuscando cualquier trasto insignificante encontré aquella foto y entonces, como aquel ruido que sólo se percibe cuando calla, recordé nuestra alegría.

Guiño

Madrid. Marzo 2014
Madrid. Marzo 2014

Cuando aquella tarde encontré tu cara entre las últimas filas del público, todos los días del clase que había deseado acariciar tu melena mientras miraba tu espalda en el pupitre delantero se agolparon en la boca de mi estómago. Entonces se difuminaron el resto de espectadores y sólo tuve ojos para los tuyos. Descubrí tu sonrisa y empecé a tocar sólo para ti, como si no existiera auditorio y las velas titilaran entre nosotros. Con un guiño me dijiste que poco te importaban mis compañeros y sospecho que sus acordes sólo sirvieron para abrirme paso hasta tu boca. Tras el concierto nos amamos sobre el césped; después desapareciste en la noche pero cada vez que suena aquella melodía regresa la promesa de tu guiño.

Big Bang

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2014

La luz cenital derramada sobre el tapiz creaba un dramático claroscuro contra nuestros cuerpos apoyados en la banda del billar. Pendientes sólo del arrebato, no nos dimos cuenta de la carambola a pesar de que todas las bolas de la mesa salieron despedidas como en “La Gran Explosión” con que todo comenzó. Nadie que hubiera visto la intensidad de los besos y la temperatura que alcanzó la sala se atrevería a discutir sobre el origen del universo ni a negar la existencia del amor fugaz. Como las bolas encima de la pizarra, mis dedos se expandieron por su espalda creando un infinito cosmos de caricias comparable sólo a sus cabellos rojizos que, como perseidas caían por mis manos. Comprendí, por fin, la teoría del caos cuando, atraído por la fuerza que me unía a su órbita nos amamos sobre el tapiz hasta que un camarero nos separó. Sin resolver la ecuación, nos confinaron a la barra del bar. El final siempre es impredecible.