Dios

Mejorada del Campo (Madrid). Diciembre 2013
Mejorada del Campo (Madrid). Diciembre 2013

Existe una fuerza que nos empuja a seguir. Algunos lo llaman dios.

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Imprevisto

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2013

El viento barrió las nubes pero no pudo llevarse el silencio. Parecía como si las calles también estuvieran de luto y, sin embargo, el campo verdeaba anunciando la primavera. Ni la policromía de la cúpula lograba teñir el negro de los asistentes ni los recios muros evitaban el frío que calaba las almas. Los ayes de la madre reverberaban tras el altar mayor mientras la viuda buscaba respuestas inexistentes en sigilo. A veces las lágrimas de ambas confluían y desembocaban en un mar de lamentos que inundaba la iglesia helada. No habló con nadie durante toda la ceremonia. Apartado de la parentela, aquel forastero dirigía sus ojos al féretro aunque miraba mucho más lejos. Los lloros asomaban como las yemas de los manzanos, sin llegar a brotar y en su rostro se adivinaba el profundo vacío causado por la muerte imprevista, como si un pedazo de su propio cuerpo yaciera para siempre.

Juicio

Muñana (Ávila). Febrero 2013
Muñana (Ávila). Febrero 2013

La existencia de dios ni siquiera se planteaba; como la asistencia al colegio la hora de irse a la cama o las misas dominicales, la vida giraba en torno a esas obligaciones irrefutables. De pequeño, resultaba tan habitual la omnipresencia que nunca le dio importancia. Incluso veía la liturgia como un curioso espectáculo en el que deseaba participar, aunque fuese como ayudante. A medida que fue creciendo comenzó a incomodarle la vigilancia continua de aquel ojo gigantesco que  juzgaba cada uno de sus actos. Además, pronto observó que esos  juicios resultaban muy poco justos porque los compañeros que peor se comportaban recogían más triunfos. Decidió que ese dios del que tanto le habían hablado debía estar dormido así que lo apartó de su vida. Cuando comprobó que los castigos eternos con cuyas amenazas le habían dominado, no llegaban, se sintió, por fin, libre.

Vapor

Ruguilla (Guadalajara). Noviembre 2012

Mi abuelo me contaba que desde lo alto del campanario, los días despejados, podía verse casi hasta la capital pero que, incluso los días más nubosos, las cercanas montañas recortaban el cielo para enmarcar el pueblo. También me contaba que no tenían tele y que por las noches conversaban al calor de la lumbre iluminados por un candil; que había una bombilla en la casa del alcalde y otra en la plaza del pueblo. Después llegó el progreso y las calles se cubrieron de cables que, como guirnaldas, cruzaban de un lado a otro. Hoy todas las casas tienen antenas y calefacción pero en el horizonte las protagonistas no son las montañas sino dos enormes chimeneas que constantemente escupen, dicen, vapor de agua.

Vida

Cotelas (Ourense). Junio 2012

Nos amamos frente al cementerio. No por gusto macabro sino porque la valla nos protegía de miradas indiscretas. Su respiración entrecortada se escuchaba entre el silencio de las tumbas y el mármol frío me devolvía sus gemidos cálidos. Bajo el manto blanco que las ánimas tendieron para arroparnos, su piel temblaba entre mis dedos y con besos apresurados cavamos la fosa donde enterrar la petite mort. Al día siguiente volvimos al mismo lugar, no para protegernos de miradas indiscretas sino para celebrar de nuevo la vida, allí, rodeados de muerte.

Ignorante

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2010

No sé bien qué se celebra delante de ese edificio de piedra. Dentro, llora una figura de escayola junto a unas traviesas de madera. Alrededor huele a cera quemada y se ven gestos de dolor. Yo no entiendo nada, aunque también es verdad que nunca fui muy listo.

Piedra

Guimarães (Portugal). Diciembre 2009

Si yo fuera piedra podría contar el paso de los años en el musgo acumulado sobre mi costado. Si yo fuera piedra podría servir de base para un monumento que ayudase a recordar una victoria o un poeta. Los días grises me confundiría con el cielo y en los soleados un rayo realzaría mi lomo. Inmóvil, si yo fuera piedra, contemplaría a las generaciones de mortales, temerosos de la vida efímera, posar su mano cálida sobre mi fría piel de granito envidiando las horas infinitas de muerte eterna.