Infierno

Madrid. Julio 2013
Madrid. Julio 2013

Con ella bajé a los infiernos. Ardían sus labios y con la lengua extendía llamas que abrasaban mis entrañas. Sus brazos prendían mi piel provocando escalofríos en vez de llagas y en ese calor consumía mi voluntad esperando nuevas chispas que deflagraran cada centímetro de mi cuerpo. Cuando ya me creía calcinado, ella abría el volcán entre sus piernas hasta achicharrarme. Sí, con ella bajé a los infiernos y me incendié en su hoguera pero sólo lograba reducirme a cenizas cuando atravesaba la puerta porque el verdadero infierno comenzaba cuando me dejaba solo en la habitación vacía.

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Vacío

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Junio 2012

Arde la noche aún sin sol y prenden los pies descalzos sobre el asfalto. Pero no me quema el verano repentino ni el mercurio disparado: me incendian tu ausencia,  el vacío que dejaste y el recuerdo amargo adherido al cristal frío.

Saboreando

Salobreña (Granada). Abril 2012

Bebo la vida a tragos largos con el ansia del sediento que encuentra un pozo; también a tragos cortos, saboreando cada gota como quien cata un vino. Otra veces la tomo de un sólo sorbo rápido y me quedo con el vaso vacío. Me bebo la vida de golpe, a tragos largos o cortos y me embriago de existencia: de luna, de miradas o de palabras y así, ebrio, mis sentidos se exaltan y cada respiración, cada color, cada caricia llegan multiplicadas. Agoto cada gota de vida y me emborracho hasta el punto de perder el sentido de la realidad y así, ausente, es la propia vida quien acude a despertarme de la mona con una bofetada.

La zarza

Coslada (Madrid). Febrero 2012

Moisés salió a pasear y vio una zarza ardiendo. Entre la columna de humo se le aparecieron unos hombres desarrapados. Se le vino a la cabeza un pasaje bíblico pero sabía que en el siglo veintiuno el Espíritu Santo no visita los suburbios. Alarmado, rebuscó entre los bolsillos el teléfono móvil. Los hombres lo miraron y Moisés se paralizó. Ellos se dieron la vuelta y siguieron alimentando las llamas con cables robados.

Idiota

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Febrero 2012

Dicen que sólo los idiotas podemos ser felices. Dicen que, ciegos ante las desgracias, ignoramos las injusticias y que, insensibles al dolor, olvidamos que al presente negro le seguirá un futuro más oscuro. Dicen, dicen, dicen… Sólo los idiotas podemos ser felices. Quizá tengan razón; porque entre las lágrimas encontramos la sonrisa, porque no nos rendimos ante los atropellos, porque impedimos que el desconsuelo nos venza y en las frías noches de invierno una tenue llama basta para calentarnos.

Manzanas asadas con miel

Cudeiro (Ourense). Agosto 2011

Cuando llegaba el invierno mi madre encendía todas las mañanas el fogón de carbón que había en la cocina. Así nos calentábamos en aquel pequeño piso del extrarradio. Muchos días, para aprovechar el calor, asaba castañas sobre la placa o llenaba el horno con delicias cuyo olor invadía el edificio entero. Así, al regresar del colegio, sabía nada más cruzar el portal lo que había de comida ese día. El dulzor empalagoso de las manzanas asadas con miel y canela resultaba de los más apetecibles. Nada que ver con los frutales y colmenas incendiados por divertimento.

 

Coraje

Cudeiro (Ourense). Agosto 2011

Sin robos no haría falta policía, sin discusiones sobrarían los jueces, sin enfermedades nadie se acordaría de los médicos. Sin fuego ¿para qué un bombero? Al manzano que se quemó cuando ardió el bosque a veces se le pudría una pieza o se le agusanaba la más jugosa. También me contaron casos de policías ladrones, jueces polémicos, médicos contratados por laboratorios para propagar virus y bomberos pirómanos. Antes de la cerilla voraz, ningún frutal igualaba en aroma y sabor aquellos frutos carmesí que llegaban sanos a la cosecha; pocos igualan en coraje a los trabajadores que se adentran en las llamas para calmar su hambre de silva.