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Helado

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Cervera de Pisuerga (Palencia). Febrero 2018

La noche se cerró como el castillo en que convertimos el dormitorio: el viento golpeaba las ventanas marcando el compás de nuestros lances; fuera los copos salteaban el cielo, dentro las caricias pimentaban tu piel. En la calle el mercurio se precipitó termómetro abajo mientras nuestros cuerpos se fundían.

A la noche negra siguió una mañana blanca. Un manto de nieve cubría las calles como tu cuerpo se había cubierto de besos y el sol irisaba el hielo como las sábanas habían brillado con tu  mirada. Feliz y hambrienta, me pediste salir a desayunar y caminamos cogidos del brazo. Danzamos sobre los carámbanos hasta que encontraste un tentempié: “Quiero un helado –dijiste– estoy ardiendo“.

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Frío

Transilvania (Rumanía). Noviembre 2006

Recordé la huída del Doctor Zhivago mientras el tren atravesaba el país. Afuera sólo se veía hielo y un sol inútil que se apresuraba sobre el horizonte. Cuando busqué el calor de tus manos encontré tu mirada y un escalofrío me recorrió el cuerpo. Nosotros no huíamos, o quizá sí. Imaginaba la paz tras los cristales sólo quebrada por el monótono paso de las férreas ruedas sobre los raíles y volví a mirarte pero dentro nada rompía el silencio.

Al sur

Rasnov (Rumanía). Noviembre 2006

Cuando sientas que se enfrían las esperanzas, cuando el hielo cubra el ánimo, si un viento gélido te empuja hacia donde no quieres, si el frío te cala hasta congelar incluso tus convicciones, pon rumbo al sur.