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Fugaz

Mave (Palencia). 21 de abril de 2018

Cuando era pequeño me pasaba los días esperando ilusionado a que llegasen otros días. No sólo los más señalados como la noche de reyes o mi cumpleaños sino momentos menos trascendentales como una excursión, una visita deseada… o el final de la clase. Sin embargo, a medida que crecía, me daba cuenta de que esa espera, con frecuencia, concluía en decepción. Bien porque no alcanzaba las expectativas, bien porque pasaba tan rápido que no llegaba a disfrutar lo que tanto había anhelado. Así, a fuerza de desilusiones aprendí a disfrutar el momento: ese breve espacio de tiempo que ya se ha ido casi antes de llegar pero que, cuando lo aprovechas, deja una estela en la memoria que tarda en desaparecer.

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La señal

Madrid. Mayo 2011

Caminaba cabizbajo ocupado en retorcidos pensamientos. Tropezaba en las esquinas con pasos apresurados y dudas existenciales cuando el claxon de un vehículo nervioso me devolvió al momento y lugar en que me encontraba. Asustado alcé la vista y sin apenas tiempo para reponerme encontré, como una tremenda bofetada, una respuesta escrita en el cielo. Tomé aliento, miré a ambos lados de la calle antes de cruzar y continué caminando cabizbajo ocupado en retorcidos pensamientos.