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Gracias

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2017

Era tiempo de vendimia, de recoger los higos, las almendras y los últimos tomates. Pero, aunque el extrarradio aún estaba a medio hacer, los huertos ya se habían convertido en descampados, calles sin asfaltar y bloques de hormigón para acoger a los venidos del pueblo. Hacia el medio día, el teléfono de la lechería, uno de los pocos que había en el barrio, sonó y mi padre, que no había podido asistir al parto, salió corriendo a la calle al recibir la noticia: “¡Es niño, es niño! ¡Uno como yo! ¡Uno como yo!”. Más o menos, así me lo contaron porque yo, claro, no estaba allí. Me encontraba en la maternidad con mi madre y meando en las gafas a la enfermera que me cambiaba los pañales. Aunque de esto tampoco me acuerdo.

Desde entonces han pasado cincuenta y cuatro septiembres de resol y uvas, penas y alegrías, encuentros y pérdidas. Cincuenta y cuatro septiembres que recibo con la alegría de un racimo repleto y con la dulzura de un higo reventón aunque a veces las almendras salgan amargas.

Hoy, como todos los días como hoy, doy las gracias y soy feliz.

 

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Escalera

El Campello (Alicante). Enero 2013
El Campello (Alicante). Enero 2013

Es más fácil creer en un dios a quien dar las gracias y adorar para no buscar explicaciones y poder pedir perdón por la culpa de la desobediencia. Es más fácil creer en un dios juez omnipresente ante quien rendir cuentas en la meta prometida de un camino extraño. Es más fácil creer en un dios todopoderoso hacedor y construir escaleras que acerquen a su vera antes que vivir dudando.

Estreno

As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013
As Neves de Guixoa (Ourense). Agosto 2013

La  primera vez ves todo negro y una luz al fondo que te quiere devorar. Crecen a cada paso los peldaños que conducen a las tablas pero la boca hambrienta se acerca. Cuando consigues llegar, te asomas al borde de un pozo sin fondo del que llega un eco lejano que te grita. El vértigo te empuja. Entonces, suenan los primeros acordes y comienzas a volar.

Solo


Betanzos (Coruña). Octubre 2011

Todos los locos comemos solos. Solos caminamos contando baldosas y olfateando nubes. Hablamos solos o con nuestros gatos, pues casi todos los locos tenemos gatos. A veces discutimos con nosotros mismos pero luego nos reconciliamos contándoselo a un cuaderno. Muchas veces los locos sonreimos sin motivo o lloramos cuando muere un gorrión. Sin embargo, cuando a través de una pupila transparente encontramos un corazón abierto, olvidamos la soledad y regalamos al viento semillas de alegría, historias y canciones.

Vacaciones

Granada. Septiembre 2011

Aquel fue el último verano que viajamos todos juntos. La mayor conoció a un chico nada más empezar la universidad y poco a poco dejamos de verla. La pequeña pronto dijo que se aburría con nosotros y empezó a planificar sus vacaciones con amigas del instituto. Al verano siguiente viajamos solos y el silencio fue llenando el espacio que dejaron las niñas. Cuando, según decían todos, deberíamos haber comenzado a disfrutar de nuestro tiempo, nos dimos cuenta de que ya no teníamos nada más que decir y perdimos el sentido a patear lugares extraños. Años después comencé a recorrer solo los mismos sitios que habíamos conocido juntos.

Descripción

Granada. Septiembre 2011

Podría describir a la perfección como se besaban, como sus dedos paseaban por la nuca para acercar los labios y saborearlos igual que un cóctel dulce. O como las manos de él se perdían por la cintura contraria, desvelada gracias a una camiseta incompleta. Incluso si me lo propusiera podría definir las miradas, ciegas a los testigos y al escenario. Pero me esfuerzo en vano por imaginar adjetivos que definan la corriente eléctrica que se generaba en las lenguas y provocaba esos destellos en las pupilas. No, por mucho que lo intento, no consigo resumir lo importante de aquel beso.