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¡Qué se jodan!

Sofía (Bulgaria). Marzo 2018

Los girasoles deben estar granando y los gorriones peleándose por alcanzar las semillas hinchadas. Debe estar saliendo el sol en algún lugar sin cemento donde las torres no lo oculten. Ha llovido pero no piso el barro porque ni siquiera bajo las baldosas rotas veo la tierra húmeda sino charcos iridiscentes por la grasa acumulada. Imagino todo eso (el azul asomando entre las nubes recién vertidas y los pájaros juguetones entre las flores amarillas) mientras en la ciudad sin color me aprisionan entre la calzada y las cámaras de las farolas que me vigilan para evitar que sueñe. ¡Qué se jodan!

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Ruinas

Mejorada del Campo (Madrid). Diciembre 2013
Mejorada del Campo (Madrid). Diciembre 2013

Habíamos alcanzado tal grado de confraternización que, al terminar el curso, quisimos celebrarlo con una gran cena. No faltó nadie. Incluso el tímido del rincón, la empollona de la primera fila y algunos profesores quisieron estar presentes aquella noche. Muchas anécdotas se podrían contar (o callar) de una velada que se alargó hasta el amanecer y terminó con una grupal exaltación de la amistad. Por ello, los más animados enseguida propusieron solemnizar el encuentro y conmemorar la hermandad cada año en las mismas fechas. En aquel momento de ebriedad colectiva a todos les pareció una buena idea. Pasaron los meses desde aquella despedida entre llantos y abrazos. Cuando llegó la fecha indicada, a la cita sólo acudieron dos solitarios que, tras esperar una hora por si algún retrasado aparecía, se marcharon al bar más cercano para ahogar, entre las ruinas del recuerdo, la última cena.