Imagen

Colgado

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Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Enero 2018

Colgado, como la blusa que te quitaste por primera vez junto al río. Colgado igual que caminaba de tu brazo por la avenida. Colgado del mismo modo que contemplaba pasmado tu belleza. Colgado, a la manera que trataba de averiguar si soñaba al verte descansar desnuda a mi lado. Colgado, igual que la palabra a este lado de la línea telefónica después de que cortaras por última vez la comunicación. Colgado, como las perchas sobrantes de la mudanza después de que dejaras mis armarios vacíos… y mi corazón, colgado.

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Tiempo

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Febrero 2012

Al principio quería que el tiempo pasara muy rápido para llegar antes a ser mayor y llenó su vida de relojes y calendarios que consultaba constantemente para comprobar el avance de los minutos: “Falta media hora para que termine la clase; faltan tres días para el sábado; faltan cinco meses para mi cumpleaños; faltan dos años para…” La hora, el día, el mes y el año señalado, llegaban ineludibles sin que el segundero se detuviera para celebrarlo. Cuando se dio cuenta escondió todos los relojes, dejó de consultar el calendario y empezó a paladear los instantes ignorante a las cuentas. Pero el tiempo seguía corriendo.

Monotonía

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2011

Los días grises se sucedían tan idénticos que costaba distinguir uno del siguiente. Vivíamos entre milimétricas franjas horarias que, como barrotes, impedían escapar. Pero no soñar: con los fines de semana, con las vacaciones, con jornadas coloreadas en las que el tiempo se detuviera. Sin embargo al llegar la esperada fecha multicolor las horas se esfumaban sin que llegáramos a ser conscientes y otra vez los barrotes grises nos atrapaban. Así fue día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año hasta que una mañana, cuando el despertador me empujó a la rutina, tomé un rotulador naranja y pinté el desayuno.