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¡Qué se jodan!

Sofía (Bulgaria). Marzo 2018

Los girasoles deben estar granando y los gorriones peleándose por alcanzar las semillas hinchadas. Debe estar saliendo el sol en algún lugar sin cemento donde las torres no lo oculten. Ha llovido pero no piso el barro porque ni siquiera bajo las baldosas rotas veo la tierra húmeda sino charcos iridiscentes por la grasa acumulada. Imagino todo eso (el azul asomando entre las nubes recién vertidas y los pájaros juguetones entre las flores amarillas) mientras en la ciudad sin color me aprisionan entre la calzada y las cámaras de las farolas que me vigilan para evitar que sueñe. ¡Qué se jodan!

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Fugaz

Praga. Febrero 2015

Pasaste tan deprisa por mi vida que apenas me dio tiempo a retener tu imagen en mi retina. Tu aroma, sin embargo, a veces regresa y con él, la piel enredada. No puedo echar de menos lo que nunca fue más y aunque no consigo retener tus ojos, en ocasiones tus labios me besan.

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Empatía

Praga. Febrero 2015

Tú no sabes lo que se siente. Aunque creas que puedes ponerte en mi lugar no puedes ni imaginar lo que supone ser un monumento. No me refiero sólo a que las palomas te caguen o que los humos de la ciudad se te incrusten en los poros. Tiene muchos más inconvenientes. Por ejemplo, que siempre alguien me esté mirando. No termino de acostumbrarme. Luego está lo de las fotos. Antes sólo me abrasaban los japoneses y algún que otro gafotas que ensayaba mil posturas antes de apretar el botón pero ahora… ahora todo el mundo se para delante de mí con todo tipo de aparatos y me fríen a fogonazos. Pero no puedo evitarlo, al fin y al cabo, soy un monumento. Aunque… creo que he encontrado una manera de que puedas hacerte una idea de como me siento yo cuando me fotografían…

Paraguas

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Una vez tuve un paraguas. Amaneció nublado y mi madre se empeñó en que no fuera desprotegido: “que luego te pones malo”. Al salir de clase llovía a cántaros y Maricarmen esperaba en el patio, bajo un alero, mirando al cielo inquieta. Me ofrecí a llevarla y aceptó. Antes nunca habíamos hablado; aquel era su primer año en el colegio y apenas hacía un mes que había comenzado el curso. Bajo el techo de nailon comenzamos a conocernos mientras arrimaba su cuerpo al mío para evitar mojarse. El agua que resbalaba por las varillas formaba una cortina que nos aislaba del mundo. En aquel hogar me sentí feliz. “Ya no llueve”, me dijo de repente cerca de su portal. Cerré el paraguas y lo olvidé en el suelo mientras nos despedíamos. Supongo que mi madre recriminó mi olvido pero también olvidé la reprimenda para conservar el momento en que nuestras manos se rozaron para sujetar mejor la sombrilla. Maricarmen salió del colegio al año siguiente y yo nunca he vuelto a llevar paraguas.

Amarte

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Plutón desarrolla estos días una inusitada actividad geológica mientras en nuestra calle llueve. Los geólogos estudian el proceso y tú no sabes qué ponerte. Más allá de Neptuno debe hacer frío pero queda lejos, como tu amor. Y aunque el sol caliente más en Venus, ni siquiera tengo ganas de ir a Marte, tan solo quiero amarte aquí, en el corazón de la ciudad.

Frío

Madrid. Octubre 2014
Madrid. Octubre 2014

A veces tengo frío y ni todas las chaquetas del armario lo alivian. Sucede en otoño pero no siempre; el sol se esconde y se nubla la sonrisa, se congelan mis pies y me pongo triste. A veces tengo frío y busco tu calor. Pero tú eres de hielo y me congelas.

Memoria

Madrid. Diciembre 2013
Madrid. Diciembre 2013

Quizá ya ni recuerdes que te amé porque hoy se pierde entre las sombras. O quizá en tu memoria intermitente mi imagen se presente como en mí el aroma de tu piel. Yo, que te adoré como a una diosa desde el día primero en que te vi, hoy, sin templo y sin rosario, pasado ya por el calvario, rara vez me encomiendo a ti. Pero siguen presentes los sabores, siempre dulces -ya borré los amargores- que aquellas tardes robadas me diste y cuando acuden me pregunto si alguna vez aún te acuerdas de mí.