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Helado

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Cervera de Pisuerga (Palencia). Febrero 2018

La noche se cerró como el castillo en que convertimos el dormitorio: el viento golpeaba las ventanas marcando el compás de nuestros lances; fuera los copos salteaban el cielo, dentro las caricias pimentaban tu piel. En la calle el mercurio se precipitó termómetro abajo mientras nuestros cuerpos se fundían.

A la noche negra siguió una mañana blanca. Un manto de nieve cubría las calles como tu cuerpo se había cubierto de besos y el sol irisaba el hielo como las sábanas habían brillado con tu  mirada. Feliz y hambrienta, me pediste salir a desayunar y caminamos cogidos del brazo. Danzamos sobre los carámbanos hasta que encontraste un tentempié: “Quiero un helado –dijiste– estoy ardiendo“.

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Estilo

Altea (Alicante). Marzo 2015

Juan Campecho estaba tan bien considerado en su ciudad como su padre, Juan Campecho, aunque por motivos bien distintos. Si el progenitor se ganó el cariño y el respeto de sus vecinos por su afecto y fraternidad, el hijo compró la admiración gracias a la ventaja que le proporcionaron algunos negocios afortunados. Así, los principales capitales de la localidad, con sus respectivos satélites, veneraban la valía de Juan proporcionalmente a sus rentas y a los beneficios que éstas pudieran revertirles. Campecho padre no veía con muy buenos ojos las mercaderías de su hijo, alejadas por completo del futuro solidario que había imaginado para él y los suyos. Hijo –le dijo un día– haz que te quieran por ser tú mismo, el cariño no se compra con dinero. Juanito contestó con una sonrisa socarrona y salió a la calle, orgulloso de su estilo y personalidad.

De fondo: “La Belleza”, de L.E. Aute

Amarte

Madrid. Noviembre 2014
Madrid. Noviembre 2014

Plutón desarrolla estos días una inusitada actividad geológica mientras en nuestra calle llueve. Los geólogos estudian el proceso y tú no sabes qué ponerte. Más allá de Neptuno debe hacer frío pero queda lejos, como tu amor. Y aunque el sol caliente más en Venus, ni siquiera tengo ganas de ir a Marte, tan solo quiero amarte aquí, en el corazón de la ciudad.

Melone

Villaconejos (Madrid). Julio 2014
Villaconejos (Madrid). Julio 2014

Hacía caló. tanta caló como sólo saben quienes se atreven a pisar el asfalto madrileño en el mes de julio. Más que en agosto, por mucho que algunos digan. Tanta caló que daba pereza hasta mover la lengua para añadirle la “r” final. Pero tuvo que ser en julio cuando llegaste y, como cantaba Javier, al revuelo de tu falda se refrescó el verano. Con tu acento nórdico por sintonía y tu curiosidad por brújula nos embarcamos sin rumbo a descubrir horizontes alternando visitas con besos y souvenirs con suspiros. Con el trajín llegó el hambre y entre los páramos mesetarios hallamos un oasis de almíbar donde reposamos bajo palmeras de poliéster. Lúbrica en tu deleite te observé encendido anhelando libar el néctar que corría por tu piel, más desnuda que cubierta debido a los rigores veraniegos. Logré controlar mi deseo. El vendedor te miraba, quizá tan ávido como yo pero él no se pudo dominar y, poco antes de que terminaras de comer, con casi todo tu cuerpo cubierto por el azúcar exclamó: “¡Qué melone! ¡Qué melone! Ehtá bueno ¿verdad? ¡Allí en zu tierra no comen melone como ehtoh!”.

Huída

Madrid. Junio 2014
Madrid. Junio 2014

Aún no sé por qué me fui. Sonaba “Shoud I stay or should I go” y ella se acercó a la barra para pedir una cerveza. Entonces tomé la decisión aunque no encontrase motivos. El volúmen de la música dificultaba la conversación y aún así escuché sus latidos; la luz tenue y el humo dificultaban la visibilidad y aún así sorprendí a sus pupilas. Pero me fui con el eco aún reciente del último compás de los Clash. Con el beso de despedida colocó en mi mejilla una gota de decepción que yo correspondí con otras de disculpa. Quizá debiera haber resuelto la eterna duda de la canción pidiendo otra cerveza y remedando a las parejas que se enredaban en los rincones oscuros. Pero me fui y nació este blues.