Pena

Rielves (Toledo). Septiembre 2012

Cuentan los que la conocieron que se podía navegar por las ondas nocturnas de sus cabellos, que a través del eco de su risa contagiosa se podía volar hacia lugares desconocidos. Cuentan los que la conocieron que por las curvas de su silueta se perdían los aventureros más avezados como entre las dunas del desierto y que la ensoñación que producía la melodía de su voz transportaba a paraísos imaginados. Cuentan que cautivó el corazón de quienes la conocieron y que a sus caprichos se rendían todos los hombres sin condiciones. Cuentan tanto de ella que incluso hay quien dice que una noche de tango y farra descubrieron la pena que se escondía en el fondo de su mirada.

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Innato

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Junio 2012

Nací mirlo y no puedo vivir sin cantar. Pero si me das alpiste ¡ay! me ayudarás a entonar; porque nací animal y me tengo que alimentar.

Tango

Madrid. Enero 2012

El Manzanares no tiene puerto ni en Lavapiés huele a río pero sus calles acogen como cualquier barrio portuario. Por este Babel en sombra deambulan guitarras en mochilas que cuentan historias si sueltas unas monedas entre dos copas. A veces se ríen para olvidar por un momento que no se cumplió la promesa; otras lloran como un tango las penas acumuladas en los bolsillos sólo llenos de nostalgia.

Hondo

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2010

La guitarra se abrió camino entre el negro de la escena y el silencio de la sala para llegar directa al pecho. Con las puertas de los sentidos de par en par, la voz entró hasta las tripas y del estómago brotaron perlas emocionadas que nublaron el espectáculo.

Aproximación

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2010

Ven mansamente, aérea como ala
o aroma derramado de luar,
en el ardiente rojo de una brasa
en la ceniza blanda del mirar.

Ven en un baile alado y serpentino
salpicado de estrellas y espejismos,
en el susurro del viento entre las ramas,
en la fuerza perezosa del felino.

Ven, secreto embrujo de otro mundo,
del que trajiste el espejo en que me veo,
sumerjámonos los dos hasta el fondo,
roto ya el silencio por el deseo.

José Saramago