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Cerrado

Todos los días paso por ese camino. El mismo camino que tiempo atrás tantas veces recorriera. Cuando decidí explorarlo por primera vez sentí incertidumbre y cierto temor pero terminó llevándome a un lugar donde fui feliz. Por eso volví al día siguiente y al otro hasta que una mañana lo encontré cerrado. Sin embargo seguí pasando por allí. Miraba desde afuera el sitio de mi recreo y lloraba recordando un pasado al que no podía regresar. Sabía que mirar hacia el camino clausurado me hacía daño pero no podía evitarlo. Entonces resolví que tenía dos opciones: cambiar de ruta o asumir el presente. Como me negué a que una reja decidiera por mí, terminé mirando al frente. Aun así, a veces no puedo librarme de la memoria aunque una cadena me ate a este momento.

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Rebelde

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2014

Un ambiente, una señal. A veces, una calle, el agua, el gas… pueden seguir varias direcciones o adaptarse. Puedes ir o venir por esa calle que pertenece a un pueblo, a una ciudad; por ese agua que siempre llega al mar, por ese aire que respiras frío o cálido, húmedo o seco y que, de repente, cambia. Puedes tomar precauciones o ignorarlas; como las advertencias. Y llegar a casa húmedo y libre o sometido y seco. Como un don nadie temeroso y un camino que nadie anhela encontrar pero que siempre lleva a una carretera abierta a los viajes, a lo desconocido, al peligro, a la acción.

Rumbo

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Junio 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Junio 2014

A veces pierdo el rumbo y camino sin destino. Pero no me paro: Mis pies autónomos avanzan por inercia sorteando piedras o saltando, de oca en oca, del pozo al laberinto. Y sigo; atento a las señales que, de vez en cuando, me marcan el rumbo.

Incierto

Santo Domingo de La Calzada (La Rioja). Noviembre 2013
Santo Domingo de La Calzada (La Rioja). Noviembre 2013

¿Volverás? Me preguntó. El futuro es incierto, le respondí. Nos separamos. El sol apenas calentaba los adoquines pero bastó para proyectar las sombras que me indicaron el camino a seguir.

Otoño

Ocentejo (Guadalajara). Noviembre 2012

Creo que el espejo me engaña. Todas las mañanas, cuando me lavo la cara, me devuelve la imagen de la misma persona: alguien a quien creo conocer desde hace años y cuyo rostro apenas cambia de un día para otro. Sin embargo, el otro día me enseñaron a esa misma persona capturada por una lente y poco se parecía a la del espejo. El paso del tiempo había dibujado en su cara un paisaje otoñal de ramas despobladas, hojas decoloradas y desnudas cortezas rugosas. Había, sin embargo, un detalle que me convenció de que se trataba del mismo ser: la mirada que, como un camino, seguía apuntando al horizonte.

Dudas

Ocentejo (Guadalajara). Noviembre 2012

Al amanecer la niebla subía desde el río, cubría el valle y trepaba por la ladera hasta ocultar el camino. Los bordes de la carretera, como cráter de volcán hirviendo, parecían ocultar un pozo sin fondo. Avanzar, con el rumbo difuso, requería más fe que confianza. La humedad calaba los huesos y los pensamientos. Con el transcurrir de las horas los rayos de sol abrieron brechas en la mañana algodonada y las nubes se despejaron, las dudas no.