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¡Qué se jodan!

Sofía (Bulgaria). Marzo 2018

Los girasoles deben estar granando y los gorriones peleándose por alcanzar las semillas hinchadas. Debe estar saliendo el sol en algún lugar sin cemento donde las torres no lo oculten. Ha llovido pero no piso el barro porque ni siquiera bajo las baldosas rotas veo la tierra húmeda sino charcos iridiscentes por la grasa acumulada. Imagino todo eso (el azul asomando entre las nubes recién vertidas y los pájaros juguetones entre las flores amarillas) mientras en la ciudad sin color me aprisionan entre la calzada y las cámaras de las farolas que me vigilan para evitar que sueñe. ¡Qué se jodan!

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Real

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San Martín de los Herreros (Palencia). Febrero 2018

Éramos tan felices que creíamos vivir en un sueño, ignorando las señales que nos indicaban el camino a la realidad. Éramos tan felices que caminábamos sin pisar el suelo, rechazando las señales que nos indicaban el camino por el que andar. Éramos tan felices que, ciegos a todo lo ajeno, nos topamos con la vida real y despertamos de golpe.

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Hambriento

Rivas-Vaciamadrid. Enero 2018

Tengo el buzón hambriento desde que no me escribes y se come cualquier cosa que le echen por la boca. Tengo el teléfono polvoriento desde que no me llamas y recibe cualquier mensaje que en las redes se trastoca. Tengo el corazón sin aliento desde que no me amas y deambulando entre las calles busca amor pero te invoca.

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Colgado

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Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Enero 2018

Colgado, como la blusa que te quitaste por primera vez junto al río. Colgado igual que caminaba de tu brazo por la avenida. Colgado del mismo modo que contemplaba pasmado tu belleza. Colgado, a la manera que trataba de averiguar si soñaba al verte descansar desnuda a mi lado. Colgado, igual que la palabra a este lado de la línea telefónica después de que cortaras por última vez la comunicación. Colgado, como las perchas sobrantes de la mudanza después de que dejaras mis armarios vacíos… y mi corazón, colgado.

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Estilo

Altea (Alicante). Marzo 2015

Juan Campecho estaba tan bien considerado en su ciudad como su padre, Juan Campecho, aunque por motivos bien distintos. Si el progenitor se ganó el cariño y el respeto de sus vecinos por su afecto y fraternidad, el hijo compró la admiración gracias a la ventaja que le proporcionaron algunos negocios afortunados. Así, los principales capitales de la localidad, con sus respectivos satélites, veneraban la valía de Juan proporcionalmente a sus rentas y a los beneficios que éstas pudieran revertirles. Campecho padre no veía con muy buenos ojos las mercaderías de su hijo, alejadas por completo del futuro solidario que había imaginado para él y los suyos. Hijo –le dijo un día– haz que te quieran por ser tú mismo, el cariño no se compra con dinero. Juanito contestó con una sonrisa socarrona y salió a la calle, orgulloso de su estilo y personalidad.

De fondo: “La Belleza”, de L.E. Aute

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Nadie como tú

Praga. Febrero 2015

A veces me cruzo con bellas miradas centelleantes; pero no iluminan como tus ojos.
A veces salen palabras de labios jugosos; pero no calman como tu boca.
A veces senos turgentes magnetizan al encuentro; pero no calientan como tus pechos.
A veces jóvenes talles cimbreantes llaman a voces; pero no acogen como tu cuerpo.