Rodrigues
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De Rodríguez

Rodrigues
Tavira (Portugal). Agosto 2018

Antonio Rodrígues llevaba casado más años de los que la memoria inmediata podía recordarle. Mariposas y arrebatos se perdieron entre el alcanfor de los armarios mientras la costumbre se asentaba en sábanas y pucheros. Cuando su mujer le avisó de que el trabajo la obligaría a ausentarse de casa durante unos días, intentó disimular la alegría que le producía la inesperada oportunidad de libertad; los planes se atropellaban en su agenda mental. Acudió al aeropuerto a despedirla y se le hicieron eternos los minutos que tardó en atravesar la puerta de embarque. Entonces se dijo: “¡Soy libre!”. Pero tras unas cuantas llamadas sin respuesta, algunos paseos en soledad, más cervezas de las convenientes y varias películas que su mujer detestaba, empezó a contar las horas que faltaban para su regreso.

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Reloj

Madrid. Octubre 2014
Madrid. Octubre 2014

A diario no necesito consultar el reloj. Sé que voy a tiempo cuando, al salir de casa, me cruzo con el del siete paseando al perro. Los niños del tercero juguetean alrededor del coche mientras la madre, desquiciada, intenta meterlos dentro para llevarlos al colegio. El barrendero ya ha llegado a la esquina con la calle principal y el camión de reparto diario se detiene, apurando frenos, frente a la panadería. Si voy demasiado pronto, aún no has salido a limpiar el balcón. Entonces me detengo, disimulando consultar el teléfono y espero hasta que apareces. Me deleito unos segundos contemplándote y sigo, feliz, rumbo al trabajo.

Veranito

Madrid. Julio 20014
Madrid. Julio 20014

Mira tú qué bien; llega el veranito y ya lo tienes todo hecho. la pensión cobrada, la nevera a rebosar… así que no te quejes tanto. Tu padre está forrado y aún hay quien se vuelve a mirar a tu madre. ¿Qué más quieres? ¿Subirte cantando a la azotea para que las vecinas te tomen por loco? Anda, anda, enciéndeme otro cigarrito hasta que lleguen tus padres.

(Adaptación libre y suburbial de Summertime de George e Ira Gerswin)

Quizá

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

El sol y el ruido de los coches entrando por las ventanas abiertas la despertaron. Hacía rato que los gatos lo habían intentado, sin éxito,  reclamando su dosis diaria y, en vista del fracaso, decidieron volver a echarse a su costado. Anoche no había manera de conciliar el sueño y esperó que la televisión la arrullara. Ahora seguía encendida y los personajes de la pantalla semejaban marionetas hablando sin sentido. Miró alrededor y encontró el apartamento tan desordenado como lo había dejado el día anterior pero no le importó. “Total ¿para qué?”, pensó. La boca reseca tampoco le motivó lo suficiente como para levantarse a por agua. Los gatos volvieron a maullar sin demasiado entusiasmo. Se acomodó en la cama y prestó atención a los monigotes de la tele esperando encontrar significado a sus gesticulaciones. Quizá mañana.

Espalda

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

A veces la memoria nos juega malas pasadas. O quizá la amnesia sea una defensa voluntaria aunque inconsciente que nos lleva a reproducir sólo aquellas escenas del pasado que nos interesan. Quizá por eso he olvidado lo sucedido aquella noche, por más que trato de reconstruirlo para amnistiar a los espectros atrapados que atormentan el pensamiento. Sólo imágenes vagas acuden: un barco ruso amarrado en el puerto, unos ojos azules contoneándose a ritmo machacón y una calle desierta con el eco de unos pasos. A la mañana siguiente el barco ruso había zarpado y sobre mi espalda se dibujaban los barrotes rojos con que me apresó. El resto es futuro incierto y un camino oscuro sin la utopía de esa mirada hacia el exilio de la ausencia, hacia el vacío.

Camisa

 

La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014
La Villajoyosa (Alicante). Enero 2014

Planchó la camisa con más esmero que de costumbre. Cada pliegue le recordaba un beso, cada arruga una herida. Rellenó varias veces el depósito de agua y tantas otras lo vació con deleite recordando las primeras risas, lamentando los primeros golpes. Repasó las mangas vacías de sus brazos, los botones, vacíos de su pecho, la espalda, vacía. Cuando comprobó que estaba perfecta, buscó la mejor percha y la vistió con el mismo desvelo que si cubriese su piel. Se asomó al balcón pero ignoró la llamada de la acera. De la persiana colgó el estandarte de su trabajo y salió, cerrando por fuera, por la puerta de la calle.

Sol de carallo

Gran Canaria. Diciembre 2013
Gran Canaria. Diciembre 2013

– How can I say it in spanish? Fai un sol de carallo?
– Bueno, eso es gallego pero te vale.
– Oh, fai un sol de carallo, me gusta. All the night long, fiesta forever, come join our party… fai un sol de carallo. ¿Dónde sigue la fiesta?