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El calcetín

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Marzo 2018

Como los asesinos, regresé al lugar de los hechos. A la luz del día, y sin los cristales del coche empañados de por medio, el bosque se veía diferente. En vez de tus gemidos y mis latidos acompasados se escuchaban las melodías arrítmicas de los pájaros. No me deslumbraba tu mirada ardiente sino los rayos del sol recordándome que estaba despierto. Parecía tan distinto el rincón que llegué a dudar si se trataba del mismo; dudé incluso de mi memoria y de confundir realidad con deseo. Entonces, un cuco me llamó y lo busqué entre las ramas. Juguetón, se había escondido, pero en lo alto del árbol encontré la prueba que necesitaba: aquel calcetín que perdimos en el fragor de la batalla.

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Pañuelo

Arganda (Madrid). Marzo, 2015

Refrescaba al salir de casa y te volviste para coger un pañuelo. Caminamos. Charlamos. Caminamos. Nos miramos a los ojos. Nos sentamos sobre una isla de hierba en un claro del bosque y, sin dejar de mirarnos a los ojos, juguetearon las manos. Un golpe de viento se llevó entonces tu pañuelo pero ya no tenías frío.

Cosas

Soustons (Francia). Agosto 2014
Soustons (Francia). Agosto 2014

¡Qué cosas tiene la vida! Cosas feas, cosas para olvidar, cosas inútiles, cosas tristes, cosas desagradables, cosas molestas, cosas amenas, cosas odiosas, cosas prohibidas, cosas sin sentido, cosas costosas, cosas perdidas, cosas ocultas, cosas privadas, cosas obvias, cosas inventadas, cosas olvidadas, cosas imaginadas, cosas públicas, cosas visibles, cosas mágicas, cosas encontradas, cosas recuperadas, cosas únicas, cosas consentidas, cosas gratis, cosas fascinantes, cosas simpáticas, cosas que cautivan, cosas que liberan, cosas alegres, cosas importantes, cosas interesantes, cosas que recordar, cosas bonitas, cosas bonitas, cosas bonitas…

Encina

Salvatierra de Santiago (Cáceres). Diciembre 2013
Salvatierra de Santiago (Cáceres). Diciembre 2013

Por las ramas de una encina aprendí a trepar cuando era un niño y bajo ellas me retiraba para encontrarme en personajes de tinta durante aquellos años en que nadie, ni uno mismo, te soporta. Tras una encina se escondió sonriente la niña a la que robé el primer beso y sobre la hojarasca agostada gocé con aquella  que me robó el corazón. Más de uno otoño me atiborré con las bellotas más dulces del árbol y ahora, en invierno, sus viejos brazos calientan mi lumbre. Por eso, cuando contemplo una encina el corazón se me llena con la nobleza de su tronco y repaso mi insignificante vida finita junto a sus leños centenarios que, en vez de alardear de importancia, usan su tamaño para ampararme.

P.D. La semana pasada, un cruel vendaval arrancó de cuajo una de las "encinas de mi vida" dejando el monte mellado y a nosotros un poco huérfanos.

Tatuaje

Barco do Porto (Portugal). Agosto 2013
Barco do Porto (Portugal). Agosto 2013

Después de varias horas de viaje en autocar mirando a través de las ventanillas como se transformaban los paisajes, llegamos a un albergue rodeado de bosque. Tras separarnos por sexos en habitaciones inmensas, nos convocaron a cenar. A la mañana siguiente me escapé unos minutos, más que para explorar la zona, para recordar el barrio y los amigos que allí quedaron. Subí por una cuesta empinada, giré por el sendero de la izquierda y seguí ascendiendo hasta que me faltó el aliento. Sentado a la sombra de un chopo y mirando aquella hierba agostada del mismo color que su pelo, sus ojos vinieron a mi memoria. Entonces busqué en el bolsillo mi navaja de explorador y con ella tatué en el árbol que me servía de cobijo nuestros nombres. Retuve el recorrido y el lugar exacto de aquel tronco con la esperanza de regresar juntos y mostrárselo pero jamás volvimos. Dos veranos después dejamos de vernos por el barrio y ni siquiera sé si talaron el bosque. Sin embargo, siguen en mi cabeza el mapa del tesoro, las cuatro letras de su nombre y el lunar junto a aquella boca infantil que nunca llegué a besar.

Pasadas

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“Nunca me escuchas cuando hablo”, dijiste enfadada. Y no es verdad. Al contrario, como nunca he dejado de escucharte, me sé de memoria todas tus frases, cada una de tus excusas, tus repetidas súplicas y las eternas promesas. Y te sigo escuchando, aunque ahora todas esas palabras me suenan vacías, sin sustancia, absolutamente pasadas.

Caída

Rivas-Vaciamadrid (Madrid).  Abril 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2013

No pude evitar el dolor pero hacía tiempo que se veía venir. Quizá nunca agarraron lo suficiente las raíces que lo sustentaban y por eso, cuanto más intentaba crecer, más débil se volvía. Cualquier mínimo contratiempo lo agitaba y los intentos por mantenerlo en pie sólo dañaban más mi menguado ánimo. No pude evitar el dolor, áspero como si le arrancara las entrañas a la tierra pero no me arrepiento. Cuando dejé las llaves en la mesita de la entrada salí por la puerta sin volver la mirada.