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Real

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San Martín de los Herreros (Palencia). Febrero 2018

Éramos tan felices que creíamos vivir en un sueño, ignorando las señales que nos indicaban el camino a la realidad. Éramos tan felices que caminábamos sin pisar el suelo, rechazando las señales que nos indicaban el camino por el que andar. Éramos tan felices que, ciegos a todo lo ajeno, nos topamos con la vida real y despertamos de golpe.

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Helado

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Cervera de Pisuerga (Palencia). Febrero 2018

La noche se cerró como el castillo en que convertimos el dormitorio: el viento golpeaba las ventanas marcando el compás de nuestros lances; fuera los copos salteaban el cielo, dentro las caricias pimentaban tu piel. En la calle el mercurio se precipitó termómetro abajo mientras nuestros cuerpos se fundían.

A la noche negra siguió una mañana blanca. Un manto de nieve cubría las calles como tu cuerpo se había cubierto de besos y el sol irisaba el hielo como las sábanas habían brillado con tu  mirada. Feliz y hambrienta, me pediste salir a desayunar y caminamos cogidos del brazo. Danzamos sobre los carámbanos hasta que encontraste un tentempié: “Quiero un helado –dijiste– estoy ardiendo“.

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Hambriento

Rivas-Vaciamadrid. Enero 2018

Tengo el buzón hambriento desde que no me escribes y se come cualquier cosa que le echen por la boca. Tengo el teléfono polvoriento desde que no me llamas y recibe cualquier mensaje que en las redes se trastoca. Tengo el corazón sin aliento desde que no me amas y deambulando entre las calles busca amor pero te invoca.

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Cerrado

Todos los días paso por ese camino. El mismo camino que tiempo atrás tantas veces recorriera. Cuando decidí explorarlo por primera vez sentí incertidumbre y cierto temor pero terminó llevándome a un lugar donde fui feliz. Por eso volví al día siguiente y al otro hasta que una mañana lo encontré cerrado. Sin embargo seguí pasando por allí. Miraba desde afuera el sitio de mi recreo y lloraba recordando un pasado al que no podía regresar. Sabía que mirar hacia el camino clausurado me hacía daño pero no podía evitarlo. Entonces resolví que tenía dos opciones: cambiar de ruta o asumir el presente. Como me negué a que una reja decidiera por mí, terminé mirando al frente. Aun así, a veces no puedo librarme de la memoria aunque una cadena me ate a este momento.

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Colgado

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Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Enero 2018

Colgado, como la blusa que te quitaste por primera vez junto al río. Colgado igual que caminaba de tu brazo por la avenida. Colgado del mismo modo que contemplaba pasmado tu belleza. Colgado, a la manera que trataba de averiguar si soñaba al verte descansar desnuda a mi lado. Colgado, igual que la palabra a este lado de la línea telefónica después de que cortaras por última vez la comunicación. Colgado, como las perchas sobrantes de la mudanza después de que dejaras mis armarios vacíos… y mi corazón, colgado.

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Abrazo

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Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Enero 2018

Su abrazo me dejó frío. Llegaba con meses de retraso y me pareció forzado. Por eso me quedé inmóvil, dejando que sus brazos se enredaran en mi espalda mientras los míos caían sin tomar una decisión. Se extrañó y preguntó por mi pasado deseo. Se ha disuelto, contesté, entre las miradas no devueltas, los besos esquivados y las caricias perdidas.

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La vida por delante

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Mejorada del Campo (Madrid). Enero 2018

Me gustaba que refrescara un poco por la noche, como si necesitase justificaciones para acurrucarme sobre tu espalda. Me gustaba dormir con la persiana levantada para que el sol pudiera dibujar tu silueta al despertar. Me gustaba que te mancharas las manos con el zumo de naranja para limpiarte los dedos con la lengua; y que tu café quemase para ver tus morritos soplando. Me gustaba admirar tu garbo cuando marchabas al trabajo aunque, mucho más, verte quitar la ropa al regresar. Me gustaba tenerte y que me tuvieras. La vida sigue, sí, pero me fastidia arroparme, que me deslumbre el sol mañanero, que se derrame el zumo y que me abrase el café. La vida sigue, pero no veo agitarse tu falda al compás de tus caderas cuando sales al trabajo porque un día no regresaste.