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Gracias

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Septiembre 2017

Era tiempo de vendimia, de recoger los higos, las almendras y los últimos tomates. Pero, aunque el extrarradio aún estaba a medio hacer, los huertos ya se habían convertido en descampados, calles sin asfaltar y bloques de hormigón para acoger a los venidos del pueblo. Hacia el medio día, el teléfono de la lechería, uno de los pocos que había en el barrio, sonó y mi padre, que no había podido asistir al parto, salió corriendo a la calle al recibir la noticia: “¡Es niño, es niño! ¡Uno como yo! ¡Uno como yo!”. Más o menos, así me lo contaron porque yo, claro, no estaba allí. Me encontraba en la maternidad con mi madre y meando en las gafas a la enfermera que me cambiaba los pañales. Aunque de esto tampoco me acuerdo.

Desde entonces han pasado cincuenta y cuatro septiembres de resol y uvas, penas y alegrías, encuentros y pérdidas. Cincuenta y cuatro septiembres que recibo con la alegría de un racimo repleto y con la dulzura de un higo reventón aunque a veces las almendras salgan amargas.

Hoy, como todos los días como hoy, doy las gracias y soy feliz.

 

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Rodrigues
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De Rodríguez

Rodrigues
Tavira (Portugal). Agosto 2018

Antonio Rodrígues llevaba casado más años de los que la memoria inmediata podía recordarle. Mariposas y arrebatos se perdieron entre el alcanfor de los armarios mientras la costumbre se asentaba en sábanas y pucheros. Cuando su mujer le avisó de que el trabajo la obligaría a ausentarse de casa durante unos días, intentó disimular la alegría que le producía la inesperada oportunidad de libertad; los planes se atropellaban en su agenda mental. Acudió al aeropuerto a despedirla y se le hicieron eternos los minutos que tardó en atravesar la puerta de embarque. Entonces se dijo: “¡Soy libre!”. Pero tras unas cuantas llamadas sin respuesta, algunos paseos en soledad, más cervezas de las convenientes y varias películas que su mujer detestaba, empezó a contar las horas que faltaban para su regreso.

Pareja en bicl
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Hacia otro lado

Pareja en bicl
Punta Canela (Huelva). Agosto 2018

El medio día nos pilló desprevenidos. Hacía calor y tuvimos que parar. No te soportas cuando hace calor; ni cuando tienes hambre; ni cuando estás cansada, ni cuando refresca. En esos momentos yo tampoco te aguanto. Y sólo quiero mirar hacia otro lado.

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Caracoles

Alfaz del Pi (Alicante). Marzo 2013

Como la acera, como las mesas, como las sombras, mi figura forma parte del paseo donde cada mañana, cada tarde, imagino que apareces. Con las volutas de humo dibujo tu figura torneándose ante mis ojos mientras la brisa asesina termina por borrarte tras difuminar los perfiles. Y el tiempo se detiene hasta la siguiente calada. El doctor me pide que lo deje; que no me hacen bien ni el tabaco ni tu recuerdo; que el hollín ensucia mis pulmones y la nostalgia el corazón. Pero más me duele la ausencia que ocupo con caracoles al viento contemplando cómo vuelan y deshacen mientras imagino que apareces.

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Frío

San Martín de Trevejo (Cáceres). Enero 2015

Obdulio Chaves se levantó aquella mañana como todas las mañanas. En vez de mirar al reloj se asomó a la ventana y comprobó que el sol comenzaba a asomar por la loma. No hay derecho, pensó con las lágrimas a punto de brotar y miró de soslayo a la cama vacía. Después de asearse un poco, sin prisa ni entusiasmo se vistió con la misma ropa que el día anterior había dejado sobre la silla y en la cocina se preparó un tazón de sopas de leche aguadas con llanto. Recogió todo meticulosamente y se sentó a mirar las paredes, los enseres, el suelo, la silla de enfrente vacía. Así pasaron varias horas, o minutos, quizá días y se levantó. Salió al corral y cogió algo de leña. Hacía frío.

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Sesenta y cuatro

Valencia. Diciembre 2014

¿Te acuerdas cuando cantábamos la canción medio en broma? “cuando envejezca y pierda mi cabello… ¡aún quedan muchos años!” pero poco después empecé a quedarme calvo. Más de una madrugada me estuviste esperando y alguna que otra me cerraste la puerta para castigarme. Con algo de esfuerzo y tu voluntad ahorradora conseguimos aquella casita en la que tú tejías al caer las tardes de invierno mientras yo cuidaba el jardín; sí, sí, justo como decía la canción, con los nietos correteando. ¡Quién nos iba a decir que aquellas estrofas de las que casi nos burlábamos serían nuestra biografía! Y ahora aquí estamos, “dando un paseo el domingo por la mañana”, a punto de llegar a los sesenta y cuatro ¿Todavía me necesitas?

De fondo: “When I’m sixty four”, de Lennon y McCartney