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Paradón

Visita al Colegio Santa Rita donde estudié en los años 70.

Madrid. Marzo 2018

Ya había anochecido pero seguíamos en el colegio. Yo era de esos niños raros a quienes no les gustaban los balones aunque eso no me eximía de entrenar balonmano, el deporte rey en mi colegio. Hacía mucho frío. Corría de un lado a otro persiguiendo la pelota con el único objetivo de entrar en calor pero sin llegar a alcanzarla nunca. Tampoco mis compañeros colaboraban para que cogiese la bola porque eso significaba, con casi total seguridad, que en ese instante me la arrebataría el equipo contrario. De repente, un jugador rival lanzó el balón con todas sus fuerzas contra nuestra portería y yo, de manera instintiva, sin demasiadas ganas y sin saber muy bien por qué, levanté la mano, evitando lo que iba a convertirse en un gol seguro. Los mismos colegas que momentos antes me evitaran, acudieron a felicitarme por la magnífica jugada. En vez de alegrarme, yo lamenté la terrible decisión que provocó que mis dedos, casi congelados, me estuvieran doliendo por el golpe durante las horas siguientes.

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Rebelde

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2014
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2014

Un ambiente, una señal. A veces, una calle, el agua, el gas… pueden seguir varias direcciones o adaptarse. Puedes ir o venir por esa calle que pertenece a un pueblo, a una ciudad; por ese agua que siempre llega al mar, por ese aire que respiras frío o cálido, húmedo o seco y que, de repente, cambia. Puedes tomar precauciones o ignorarlas; como las advertencias. Y llegar a casa húmedo y libre o sometido y seco. Como un don nadie temeroso y un camino que nadie anhela encontrar pero que siempre lleva a una carretera abierta a los viajes, a lo desconocido, al peligro, a la acción.

Primera

Alcalá de Henares (Madrid). Junio 2014
Alcalá de Henares (Madrid). Junio 2014

La primera página de todos los periódicos otorgando importancia a un hecho cuya única trascendencia consistía en el consiguiente incremento de las cuentas millonarias de algunas personas vestidas con el mismo uniforme logró que me desentendiera del asunto. Al tiempo, millones de personas celebraban, gritaban e incluso se emocionaban por aquel acontecimiento que, por otra parte, se repetía, con similares consecuencias, semana tras semana, mes tras mes o una vez al año. Eso me dejó aún más frío y salí de la ciudad. De camino encontré un grupo de chavales jugaban, reían, corrían y saltaban detrás de un viejo balón. Me senté a verlos; se lo estaban pasando… ¡de primera!

He sío

Benidorm (Alicante). Enero 2014
Benidorm (Alicante). Enero 2014

¡Con lo que yo he sío! ¡Bah! Me tenías que haber visto! Ejque no se me escapaba una… En cuanto las veía venir, date, ahí estaba yo: pumba, pumba, pumba, hasta que, claro, caía. ¡Bah! ¡Qué tiempos! Y luego las tenía to el día, qué si Antoñito por aquí, qué si Antoñito por allá… chico, no había manera de quitármelas de encima. Claro, que… ¡menudo era el Antoñito! Hasta que me cazaron. Y ahora, ya ves, ahí, con la parienta to el día: Qué si “dónde vas, Antonio”, “Antonio qué te pierdes”, “¡Antonio, deja ya de mirar!”, “Antonio, acércate a hacerme unos mandaos…” Y yo, ¿Qué voy a hacer? Sí, cariño, sí, mi amor, lo que tú digas… ¡Con lo que yo he sío!

Rivales

Madrid. Julio 2013
Madrid. Julio 2013

“- Me rindo. Y me rindo también de dar pedales, dijo Jorge Díaz.
Y dijo que se marchaba porque no se veía con fuerzas de luchar al día siguiente contra los rivales. Ahí aprovechó Elías Gómez, el Búfalo de Campo Real, para replicarle:
– En ciclismo no hay rivales sino compañeros. Y tan quisquilloso que eres con el lenguaje, que sepas que no luchas contra ellos sino con ellos, junto a ellos; si luchas contra algo será contra el viento; y eso si viene de cara.
– Bueno, da lo mismo, es que tampoco quiero pasar vergüenza siendo el último.
– ¿Vergüenza por ser el último? Juvenil, en ciclismo, el último es el más aplaudido, pues tiene el mérito de llevar más tiempo que ninguno dando pedales. El primero, el quinto, el veintinueve… ¡qué más da! La victoria es bonita, y si me apuras hasta importante. Pero lo más importante, lo realmente fundamental en todo esto es la vivencia.”

Texto extraído de “El Quintales” del libro de Cuentos de Jesús Gimeno.

Sinfonía

Oliva (Valencia). Mayo 2013
Oliva (Valencia). Mayo 2013

Comienza con un vendaval allegro que levanta el paño, ma non troppo, intentando dominar el viento. Después, sobre las olas el movimiento se ralentiza y la brisa salpica el rostro; pero el tempo lento dura poco porque una corriente juguetona quiere divertirse con la vela y en scherzo sube y baja, viene y va, alborota y apacigua el barrilete espolvoreando el cielo con nubes multicolor. Poco antes del final, acude un torbellino molto allegro que lleva el trapo en volandas hasta la orilla y pone punto final a la sinfonía del viento.

Veloz

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2013
Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Abril 2013

A Javier, su mujer lo dejó hace tres años por un viajante de droguería. Para ayudar a superar el periodo depresivo, Javier se aficionó al deporte y comenzó a montar en bicicleta todas las tardes a la misma hora. Gracias a los pedales olvidó a su pareja pero, treinta y seis meses después, seguía solo. El marido de Marisa se marchó con la camarera del bar donde desayunaba todas las mañanas con los compañeros del trabajo. Marisa, que nunca antes se había calzado unas zapatillas de deporte, se aficionó a patear el parque todas las mañanas embutida en vistosa lycra que le marcaba su cuerpo, cada día mejor modelado. Una mañana primaveral que Javier no tenía trabajo decidió cambiar la hora de pedaleo y salió de su casa disfrazado de ciclista. Ese mismo día, Marisa adelantó su hora de entrenamiento para estrenar conjunto a juego con el día reluciente. La casualidad quiso que Javier y Marisa, abandonados por sus respectivos, sin que hubieran encontrado hasta entonces nadie afín, coincidieran en un parque con olor a miel, ejercitando su deporte favorito. Nadie dudaría que aquellas dos personas solas, unidas por sendos abandonos, la afición a liberar endorfinas y la ropa de colorines, se habrían entendido perfectamente. En aquel momento, la aplicación para el móvil de última generación que se habían descargado para dirigir su entrenamiento les dijo que se encontraban en el punto más veloz de la ruta. Por eso, aquella mañana, Javier y Marisa batieron sus respectivos récords pero nunca llegaron a verse.