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¡Qué se jodan!

Sofía (Bulgaria). Marzo 2018

Los girasoles deben estar granando y los gorriones peleándose por alcanzar las semillas hinchadas. Debe estar saliendo el sol en algún lugar sin cemento donde las torres no lo oculten. Ha llovido pero no piso el barro porque ni siquiera bajo las baldosas rotas veo la tierra húmeda sino charcos iridiscentes por la grasa acumulada. Imagino todo eso (el azul asomando entre las nubes recién vertidas y los pájaros juguetones entre las flores amarillas) mientras en la ciudad sin color me aprisionan entre la calzada y las cámaras de las farolas que me vigilan para evitar que sueñe. ¡Qué se jodan!

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Helado

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Cervera de Pisuerga (Palencia). Febrero 2018

La noche se cerró como el castillo en que convertimos el dormitorio: el viento golpeaba las ventanas marcando el compás de nuestros lances; fuera los copos salteaban el cielo, dentro las caricias pimentaban tu piel. En la calle el mercurio se precipitó termómetro abajo mientras nuestros cuerpos se fundían.

A la noche negra siguió una mañana blanca. Un manto de nieve cubría las calles como tu cuerpo se había cubierto de besos y el sol irisaba el hielo como las sábanas habían brillado con tu  mirada. Feliz y hambrienta, me pediste salir a desayunar y caminamos cogidos del brazo. Danzamos sobre los carámbanos hasta que encontraste un tentempié: “Quiero un helado –dijiste– estoy ardiendo“.

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Abrazo

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Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Enero 2018

Su abrazo me dejó frío. Llegaba con meses de retraso y me pareció forzado. Por eso me quedé inmóvil, dejando que sus brazos se enredaran en mi espalda mientras los míos caían sin tomar una decisión. Se extrañó y preguntó por mi pasado deseo. Se ha disuelto, contesté, entre las miradas no devueltas, los besos esquivados y las caricias perdidas.

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La vida por delante

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Mejorada del Campo (Madrid). Enero 2018

Me gustaba que refrescara un poco por la noche, como si necesitase justificaciones para acurrucarme sobre tu espalda. Me gustaba dormir con la persiana levantada para que el sol pudiera dibujar tu silueta al despertar. Me gustaba que te mancharas las manos con el zumo de naranja para limpiarte los dedos con la lengua; y que tu café quemase para ver tus morritos soplando. Me gustaba admirar tu garbo cuando marchabas al trabajo aunque, mucho más, verte quitar la ropa al regresar. Me gustaba tenerte y que me tuvieras. La vida sigue, sí, pero me fastidia arroparme, que me deslumbre el sol mañanero, que se derrame el zumo y que me abrase el café. La vida sigue, pero no veo agitarse tu falda al compás de tus caderas cuando sales al trabajo porque un día no regresaste.

Juego de Petanca
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Petanca

Juego de Petanca
Mejorada del Campo (Madrid). Enero 2018

Cuando murió Socorro, todos convinieron que lo mejor sería que Anselmo viniera a la capital para alternar la residencia entre las casas de los hijos. “Mira, Papá -le dijeron- si hasta tienes un parque al lado para pasear, como el camino del huerto”. Anselmo asentía callado mientras pensaba que ni el verde, ni el aire, ni el silencio, podían compararse. Al cabo de unas semanas ya conocía a otros exiliados rurales como él con quienes tomaba el sol mientras compartía anécdotas de tiempos mejores. Incluso se aficionó a la petanca y muchas mañanas hacía tiempo hasta la hora de comer lanzando las bolas al aire junto a sus amigos. Un día Cipriano no se presentó. Tampoco al siguiente ni al otro. La pandilla recogió la bolsa de juego y se sentaron a mirar al suelo en silencio. Tras abrazarse, se retiraron cada uno a la casa que le tocaba. Entonces Anselmo se sentó en el sofá y encendió la tele.

Caseta
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Viento

Caseta
Faro (Portugal). Agosto 2018

El viento se encargó de secar la ropa. La ropa que cubrió tu cuerpo antes del amor. El amor que nos regalamos en medio del mar. El mar que nos acogió antes que tu casa. Tu casa de ventanas abiertas. Ventanas por las que entró el viento y se llevó el amor antes de secar la ropa, camino del mar.

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Indícame

Estatua de Cristobal Colón
Huelva. Agosto 2018

No me busques donde el dinero sino donde el ingenio. No me lleves donde la envidia sino donde el amparo. No me regales ostentación sino la sencillez de un momento. Tan sólo, indícame dónde está el paraíso de lo simple la alegría para hoy y el llanto para mañana. Si por ventura me acompañas, a mi casa de caracol te invito pero si prefieres la riqueza, el rencor, el lujo y la carrera toma el camino opuesto y déjame surcar.