Otoño

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Noviembre 2020

Llegó volando una noche de otoño y se acomodó en mi cama como una gata friolera. El fulgor de la luna revivía las almohadas y el viento golpeaba los cristales a ritmo de vals. La tomé por la cintura y bailamos bajo el edredón como la otra noche en que nos besamos por vez primera. No es casualidad que se llamase como la bruja del cuento ni que como aquella trajera deseos de amor. Por eso bailamos hasta que el sol dibujó los perfiles y pintó de naranja las paredes. Entonces se marchó volando, igual que había venido y bajo el edredón sólo quedó el ronroneo de la gata verdadera que ocupó su hueco.