Nitrato

Muñez (Ávila). Octubre 2020.

Cuando regresé, ni los muros quedaban en su sitio. Muchos se habían derruido; otros fueron devorados por la maleza. Las callejas empinadas difícilmente servirían para los carros y las mulas tropezarían en sus zanjas. Los hogares de ventanas ciegas ya no acogen vecinos: fueron muriendo o esperan el momento en casa de los hijos. A pesar de eso, cada esquina, cada rincón, cada puerta, me recordó momentos pasados, felices instantes de la infancia. Como el viejo cartel, diana improvisada, reencarnado en contraventana, que continúa donde se quedó cuando mi niñez se fue, sin más cambios que el lento avance del óxido.

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