Reforma

Allariz (Ourense). Agosto 2020

Érase una vez un pueblo cuyos gobernantes, acostumbrados a gobernar por costumbre, miraban sin ver cómo se deterioraba día tras día. A ese pueblo, como a tantos otros, lo bañaba un río. Pero, en vez de peces vivos, por sus aguas nadaban las vísceras y pellejos de las reses que el matadero cercano arrojaba a su curso. Sus habitantes protestaron, pero los gobernantes ciegos, oían sin escuchar. Un día, cansados de ruinas y hedor, los vecinos fueron a visitar a su alcalde y le dijeron que no se moverían de allí hasta que tomara medidas. Y las tomó, pero incorrectas: llamó a las fuerzas del orden para que les ordenaran circular. En vez de marchar, se quedaron y en su lugar salió el alcalde. Entonces los del lugar comenzaron a cuidar su pueblo. Y como del consistorio partiera el edil, del río desaparecieron los despojos y llegaron los peces y a las orillas el verde y a los edificios el aseo y a los bajos el comercio y a las calles las visitas y a las arcas públicas los ingresos y a las privadas los beneficios y a los ojos la belleza y a los oídos la paz.

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