¡Vive!

Rivas-Vaciamadrid (Madrid). Julio 2020

Antonio García temía perder la vida. Por eso salía poco de casa y, cuando lo hacía, jamás conducía por miedo a un accidente de tráfico. Vigilaba su dieta para alejar el colesterol, el sobrepeso, la tensión… Nada de grasas, nada de azúcar, nada de sal, nada de alcohol… nada de nada. Las relaciones interpersonales le daban miedo y más aún las sexuales; demasiados virus pululando en el ambiente, demasiadas bacterias, demasiadas enfermedades venéreas… Cuando salía a pasear, llevaba siempre sombrero, gafas oscuras y el cuerpo totalmente cubierto para evitar que el sol dañara su piel. Tampoco practicaba deporte por miedo a caídas o lesiones. En definitiva, tomó todas las precauciones necesarias para proteger su vida que transcurrió tranquila, sin sobresaltos, sin cambios… Hasta que una noche, mientras dormía, su cerebro se llenó de sangre y no despertó. Y así, sin darse cuenta, esa vida que tanto protegía se marchó sin haber llegado nunca a disfrutarla.

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