Rapaz

Finca El Millaron (Cáceres). Enero 2020

Me asusté cuando lo vi aparecer de repente. Su corpulencia y su mirada desafiante me acobardaron. Me sabía frágil y lo odié por su prepotencia y por esa seguridad en sí mismo que utilizaba para vencer antes de batallar. Le resultaba fácil encontrar a sus presas entre los muchos débiles para quienes no se ha pensado el mundo y, una vez localizados desde su atalaya, abalanzarse sobre ellos y devorarlos, aunque ya estuvieran derrumbados. Así dominó el patio del colegio, la pista de la discoteca y las reuniones de los comités. Lo conocía bien porque en todos esos lugares intentó vencerme. Y lo temía. Por eso aprendí sus modos, si no para derrotarlo, al menos para resistir.

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