Secadora

Málaga. Diciembre 2019

De repente me vi solo. Absolutamente solo. Cuando ella me abandonó, se llevó consigo al servicio, que al completo la siguió gustoso. ¡Cómo si tan mal los hubiera tratado! Por un momento recordé una canción que hace años que me hizo gracia (“Cómo diablos se fríe un huevo frito“) y con la que ahora me sentía tristemente identificado. No eché de menos sus miradas, que hacía tiempo no recibía; Ni sus caricias, que las tenía olvidadas; ni los besos cuyo sabor se había diluido en otras bocas. Me faltó su disposición; sus broncas que, ahora lo reconozco, merecía; su capacidad para tomar decisiones siempre acertadas… y esa manera tan personal de dirigir como si todo el universo estuviera a sus órdenes voluntariamente. Ahora que, no sólo no sé freír un huevo frito, sino que ni encuentro mis gemelos, ni el botón de encendido de la secadora, es cuando de verdad la echo de menos.

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