Estilo

Hombre paseando

Altea (Alicante). Marzo 2015

Juan Campecho estaba tan bien considerado en su ciudad como su padre, Juan Campecho, aunque por motivos bien distintos. Si el progenitor se ganó el cariño y el respeto de sus vecinos por su afecto y fraternidad, el hijo compró la admiración gracias a la ventaja que le proporcionaron algunos negocios afortunados. Así, los principales capitales de la localidad, con sus respectivos satélites, veneraban la valía de Juan proporcionalmente a sus rentas y a los beneficios que éstas pudieran revertirles. Campecho padre no veía con muy buenos ojos las mercaderías de su hijo, alejadas por completo del futuro solidario que había imaginado para él y los suyos. Hijo –le dijo un día– haz que te quieran por ser tú mismo, el cariño no se compra con dinero. Juanito contestó con una sonrisa socarrona y salió a la calle, orgulloso de su estilo y personalidad.

De fondo: “La Belleza”, de L.E. Aute

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