Reina

Familia en la playa

Alfaz del Pi (Alicante). Marzo 2015

En el instituto no me atrevía ni a dirigirle la palabra. No tanto porque fuese la más guapa, que lo era, sino por ese aire de misterio y dignidad que la envolvía como un aura. A mí me gustaba. Sí, ya sé; también a Romero y a García y a Morales y a Mayoral y a… pero a mí me gustaba de verdad. Me enfadaban las ordinarieces que le referían cuando nos reuníamos los chicotes en el patio. Yo quería construir un castillo para la reina de la clase pero ni siquiera la hablaba. De no sonreírme ella aquella tarde, quizá aún hoy seguiría soñando. Pero me miró y me sonrió y me guiñó un ojo y hablamos y nos besamos… y hoy construyo castillos de arena junto a la orilla para los reyes de la casa mientras ella, destronada, me mira sin dirigirme la palabra.

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