Encina

Salvatierra de Santiago (Cáceres). Diciembre 2013

Salvatierra de Santiago (Cáceres). Diciembre 2013

Por las ramas de una encina aprendí a trepar cuando era un niño y bajo ellas me retiraba para encontrarme en personajes de tinta durante aquellos años en que nadie, ni uno mismo, te soporta. Tras una encina se escondió sonriente la niña a la que robé el primer beso y sobre la hojarasca agostada gocé con aquella  que me robó el corazón. Más de uno otoño me atiborré con las bellotas más dulces del árbol y ahora, en invierno, sus viejos brazos calientan mi lumbre. Por eso, cuando contemplo una encina el corazón se me llena con la nobleza de su tronco y repaso mi insignificante vida finita junto a sus leños centenarios que, en vez de alardear de importancia, usan su tamaño para ampararme.

P.D. La semana pasada, un cruel vendaval arrancó de cuajo una de las "encinas de mi vida" dejando el monte mellado y a nosotros un poco huérfanos.
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