Reciclaje

Rinconada (Ávila). Noviembre 2013

Rinconada (Ávila). Noviembre 2013

Un pequeño vado junto al lecho de un regato hacía las veces de basurero. Nunca lo conocí lleno. Se comía casi siempre de lo que se producía y, si había que comprar algo, se iba al comercio con el envase correspondiente. Las sobras se separaban según tamaño y variedad para los cerdos, para las gallinas o para el huerto. Las latas vacías tenían varias utilidades según su tamaño y forma: comederos para los gatos, moldes para queso o flan, vaso para el pozo o incluso protectores contra la humedad de los postes de los prados. Si alguna vez, de la capital, llegaba una bolsa de plástico, se guardaba como bien preciado en un cajón a la espera de encontrarle utilidad. Los periódicos viejos suponían otro tesoro por sus infinitas utilidades; más aún que las latas. Como los muebles los había hecho un carpintero con los árboles más robustos del soto el año que se casaron los padres , también prometían durar por muchos años y si alguna tabla se rompía, se reparaba. Así es que, sin haber oído jamás la palabra reciclaje, en aquel pueblo jamás se llenó el basurero.

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