Frío

Lixa (Portugal). Agosto 2013

Lixa (Portugal). Agosto 2013

Cuando Amancio se quedó solo perdió las ganas de volver a casa. Con la excusa de que la leche se estropeaba antes de terminar el litro del paquete, comenzó a desayunar en el bar de la esquina. Para comer siempre elegía el mismo restaurante cercano al taller. Logró tanta familiaridad que la cocinera le preguntaba con frecuencia sus preferencias antes de confeccionar el menú del día. Alargaba las tardes paseando y, cuando no tapeaba con los amigos por las tabernas del barrio, se iba a la cama sin cenar. Así, el frío se fue apoderando de la casa; comenzó por la cocina, después se instaló en el salón y poco a poco fue tomando el dormitorio hasta que una mañana, Amancio se despertó arrecido antes de tiempo. Revisó puertas y ventanas en busca de corriente pero no encontró el origen. Desconcertado, entró en la cocina y decidió prepararse una café para entrar en calor. Al encender el fuego, el entrañable aroma se extendió por las habitaciones templando así el hogar. Esa noche Amancio cenó en casa.

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